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Miércoles , 17.10.2018 / 18:51 Hoy

La alegría de vivir

Una vida en plenitud

Omar Cervantes

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Todos los días en mi camino alrededor de las 3 de la tarde paso por una pequeña calle llamada Fuente de Trevi, entre 15 de Mayo y Hermanos Serdán, donde ya es habitual observar a un señor de edad avanzada cómo desde su silla en el camellón saluda amablemente a todos los automovilistas, en algunas ocasiones levantando el dedo pulgar como para hacer más cercana su interacción con decenas o quizás centenas de personas a las que no conoce, pero con las que cotidianamente interactúa, como parte de sus hábitos y distracciones donde parecería que sacar su asiento y acomodarse en su lugar para ver los autos pasar es un gusto y lo hace plácidamente, mientras la vida pasa también.

Esta escena cotidiana aparentemente sin importancia me despierta esa sensación de la plenitud cuando se ha cumplido con la vida cabalmente y no queda más que sentarse a disfrutarla, venga como venga, con la alegría y la despreocupación de vivir, dos características a las que todos los seres humanos aspiramos.

Describir esta escena y lo que me evoca me conecta con las 12 promesas del programa de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos y de otros grupos de anónimos, donde se dice que una vez que se ha aprendido a caminar por la recuperación, se conseguirá la alegría de vivir y la despreocupación por la vida, viviendo en plenitud y practicando la fe que obra.

Cuando le comento a un enfermo adicto estas promesas, usualmente siempre se pone una cara de "estás exagerando", porque se piensa que el único objetivo de la recuperación es dejar de consumir alcohol y drogas, lo que en realidad es apenas el primer paso del programa.

En los diagnósticos a los pacientes adictos es común notar este escepticismo cuando se habla de alegría, plenitud, desapego o despreocupación, cuando en muchos de los casos lo único que se llega buscando es una fórmula que les alivie el sufrimiento de la enfermedad y sus consecuencias.

Algunos incluso llegan al consultorio, a las clínicas o a los grupos de ayuda mutua, con esa necesidad de reconocimiento y afecto del que carecieron en su vida, por ello en la máscara de la soberbia muchas veces esconden sus emociones y como se dicen entre ellos, "buscan el prestigio entre los desprestigiados" y dicen que con dejar de consumir es suficiente.

Afortunadamente, infinidad de testimonios en el mundo nos dejan ver que, una vez superada la obsesión por la sustancia y se logra la abstinencia, sin importar cuál sea el tratamiento que se esté siguiendo, hay por delante un camino hacia la recuperación plena, la sobriedad y a poder vivir algún día sin preocupaciones y con alegría, independientemente de cómo se presente la vida y sin necesidad de volver a consumir.

omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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