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Miércoles , 21.11.2018 / 13:07 Hoy

La alegría de vivir

¿Quieres un mundo mejor?

Omar Cervantes

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A propósito de las elecciones federales y estatales próximas del 1 de julio, me llama la atención cómo en cada proceso electoral, por una parte los candidatos ofrecen hasta lo imposible con la fresca de que “prometer no empobrece”, mientras los electores están como a la espera de que alguien de forma heroica venga a resolver todos los problemas que tiene nuestra sociedad.

A mi parecer es una mezcla muy peligrosa de una cultura tradicionalmente paternalista en la que una mayoría está esperanzada en que una minoría les resuelva la vida, lo cual evidentemente genera por una parte que se produzcan pseudo-mesías que ofrezcan la panacea nacional y, por otro lado, ciudadanos en búsqueda de un salvador (así con minúsculas).

Más allá de preferencias electorales, fobias y filias cromáticas o partidistas, sin importar los resultados de la jornada electoral, me queda claro que en este país no pasará nada extraordinario ni sucederá nada nuevo, mientras cada uno en lo particular no tomemos consciencia de lo que nos corresponde en lo individual, en lo familiar, en lo vecinal, en lo comunitario y en lo social como grupos organizados.

Criticar gobiernos, echarle la culpa a otros de nuestras desgracias y jugar un papel de víctimas, por supuesto nos coloca en la necesidad de encontrar con urgencia quien nos venga a rescatar, lo cual no sucederá si no comenzamos cada uno por cambiar lo que está en nuestras manos.

Generar ambientes catastrofistas o pensar que nuestro futuro como nación y como mexicanos depende sólo de unos cuantos, me parece una posición muy cómoda en la que, repito, estamos acostumbrados al paternalismo de recibir sin sacrificio.

Este ambiente nacional me refiere inmediatamente con lo que vivo cotidianamente en el consultorio atendiendo adictos o codependientes, que pasan de la negación a la victimización y de echarle la culpa de sus tragedias a todo mundo, antes de querer tomar las riendas de su vida y hacerse cargo de su enfermedad, sus consecuencias y su forma de vivir.

Me recordó una de las frases que se usa mucho en los grupos de familias de Al Anon que por cierto llevan como libro de cabecera uno que se titula “Valor para cambiar2 y en cuyas sesiones cierran alguna de sus plegarias afirmando: “y que empiece por mí”.

¿Y si cada uno comenzamos con los que nos toca? ¿Y si le ponemos acción y dejamos de estar haciendo guacamole con las asentaderas viendo pasar el desfile de la vida? ¿Y si dejo de ver la viga en el ojo ajeno y comienzo por el propio?

¿Queremos un mundo mejor? ¡Hagamos cada uno consciencia de lo que nos corresponde!

Omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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