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Lunes , 22.10.2018 / 02:03 Hoy

La alegría de vivir

Pertenencia y puente de comprensión

Omar Cervantes

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A pesar de los beneficios probados y de la gran cantidad de alcohólicos y adictos recuperados en todo el mundo durante décadas, aún existe resistencia de algunos por asistir a los grupos de ayuda mutua de 12 pasos, en sus diferentes modalidades, más por estigmas y tabúes que por un conocimiento propio de lo que sucede al interior de estas organizaciones.

Es común que cuando algunos consultantes acuden a sesiones privadas y se les sugiere como complemento a su proceso terapéutico, el asistir a reuniones de alcohólicos anónimos, narcóticos anónimos, codependientes anónimos, familiares anónimos, Al-Anón o grupos similares, sus primeras reacciones argumentan que prefieren trabajar en lo individual y, de ser posible, no tener que acudir a estas sesiones que nacieron en 1935, con el primer encuentro entre dos alcohólicos, Bill W y el Doctor Bob, quienes a la postre habrían de ser los cofundadores del programa de los 12 pasos.

Como especialista en recuperación de adicciones y codependencia, normalmente sugiero, a quienes tienen confianza de trabajar conmigo en el método ambulatorio, el proceso terapéutico individual en consultorio complementado con la asistencia al grupo de ayuda mutua; por una parte, porque estoy convencido que el programa de los 12 pasos, además de ser una gran herramienta para la recuperación y una filosofía de vida para cambiar de juicios y actitudes, el valor de trabajar con otros tiene una contribución incalculable, muchas veces subestimada por quienes se niegan la oportunidad de seguir esta pauta.

En la historia de la creación de Alcohólicos Anónimos fueron justamente estos dos personajes, Bill W y el Dr Bob, quienes se dieron cuenta que el compartir sus experiencias dolorosas que habían experimentado cada uno en su carrera alcohólica y el intercambiar opiniones en su deseo por superar la enfermedad, los hizo construir un puente de comprensión que solamente entre dos personas que han vivido circunstancias similares puede darse; además de que se percataron después de horas de una larga conversación que el estar abordando sus historias les daba una fortaleza y esperanza para saber que juntos podrían derrotar lo que ellos llamaban "el terrible malestar del alma".

Es así como nace el denominado puente de comprensión, que junto con el valor de la pertenencia a un grupo, considerando que muchos alcohólicos y adictos han padecido aislamiento y soledad, son dos grandes valores terapéuticos que ofrecen los grupos de ayuda mutua en el que como la palabra lo dice, en el trabajo entre pares se establece una solución compartida para que, tomados de la mano ir en el camino de una vida útil y feliz.

Este puente de comprensión y pertenencia, esta identificación entre individuos con la misma enfermedad, la práctica de los 12 pasos, el compartir experiencias, fortaleza y esperanza y la solidaridad para trabajar unidos, en mi experiencia, es sin duda uno de los grandes valores de seguir este método que, por cierto, es el más extendido en todo el planeta y hace que millones de alcohólicos y adictos tengan una gratitud para quienes les recibieron alguna vez, les mostraron el camino y les dieron la responsabilidad de recibir a quienes vienen detrás de ellos.

Si bien es cierto, el proceso de recuperación visto en una forma clínica debe ser integral y multidisciplinario, independientemente del trabajo individual, la asistencia médica cuando es requerida, el proceso sistémico con la familia y el entorno, indudablemente el trabajo de grupo es, en mi opinión, uno de los pilares para que un adicto que se identifica con otro pueda avanzar más rápido en su paso de las tinieblas, del infierno del consumo, a la luz en la alegría de vivir.

omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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