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La alegría de vivir

De Luis Miguel y José José

Omar Cervantes

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La adicción es una enfermedad de la cual ya hemos escrito mucho en este espacio, igual que el síndrome paralelo que sufren los familiares que es llamado codependencia y una de cuyas consecuencias de las cuales poco se habla, es la de la categoría hijos adultos de adictos (o de alcohólicos), que en sus siglas en inglés se le conoce como ACA (adult children of adict/alcoholic) y que muchas veces pasa inadvertido sin tomar en cuenta que puede ser el inicio de un patrón repetitivo generacionalmente o de otros disturbios emocionales que surgen en el paso de la adultez joven de quienes vivieron en familias disfuncionales.

Este año se han difundido dos series televisivas de las que posiblemente la población en general no ha reparado en que justo se está tratando los efectos de un adulto que ha crecido con padre o padres adictos: “Luis Miguel, la serie” y “José José, el príncipe de la canción”.

Si bien en ambas historias se narra la vida de los mejores cantantes románticos de México y es fascinante conocer los detalles íntimos que hay detrás del escenario y de sus carreras artísticas, para quienes nos dedicamos a la recuperación y tratamiento de adicciones son un claro ejemplo del síndrome de los hijos adultos de adictos (alcohólicos).

Luis Rey, padre de Luis Miguel, con una adicción a la cocaína y al alcohol además de los rasgos de personalidad que nos pinta la serie; mientras que José Sosa Esquivel, progenitor de José José, con alcoholismo y una neurosis explosiva según cuenta la trama. Ambos fallecieron producto de los excesos y de la adicción y ambos heredaron una disfuncionalidad emocional a sus hijos y la repetición de patrones, incluyendo la adicción.

Los ACA suelen ser personas brillantes que, por su forma de haber crecido, terminan convirtiéndose en individuos que cumplen con la creencia: no hables, no sientas, no confíes. Presentan dificultad para distinguir sus emociones y expresarlas, tienen una visión dicotómica (o todo es blanco o todo es negro), manejan una comunicación poco asertiva, cuentan con una autoestima baja, les es difícil identificar la realidad de sus propias percepciones e incluso pueden repetir el patrón que los lleva a la adicción.

Para quienes han visto alguna de estas dos series televisivas o conocen la biografía de ambas luminarias artísticas, los síntomas enunciados son muy claros en quienes se hacen adultos creciendo en hogares disfuncionales, por lo que me atrevo a afirmar dolorosamente que padres adictos pueden destruir la vida emocional de sus hijos.

En este caso son dos figuras artísticas rodeadas de glamour, fama, éxito económico y muchas cosas más, pero me pregunto, ¿cuantos ACA hay que viven en México, sin que sepan lo que padecen? Viven en la ignorancia de que así como las adicciones tienen solución, la codependencia también y, por supuesto, el tener apoyo en la adolescencia es básico para prevenir e incluso para generar resiliencia.

Sigamos educando para la prevención e informando para la salud y para que los hijos de quienes padecen la enfermedad tengan un futuro más sano y estable del que vivieron sus padres y se rompan las cadenas generacionales de este mal.
omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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