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La alegría de vivir

Aprender a vivir con un adicto

Omar Cervantes

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Cuando hablamos de adicciones y de alcoholismo que es la más común de ellas, normalmente abordamos el tema pensando en quien la padece y muchos de los esfuerzos se centran en la atención y tratamiento del enfermo, aunque el enfoque sistémico sostiene que toda la familia se ve afectada y por tanto requiere atención para que haya una solución integral, por lo que es siempre importante hablar del síndrome de la codependencia de quienes viven alrededor de un consumidor patológico.

Aprender a vivir con un adicto es todo un proceso, independientemente si está activo, si está tocando fondo, si está en abstinencia o si ya tiene años de recuperación.

El primer paso de los programas de rehabilitación para familiares y codependientes, ya sea en clínica, consultorio o en los grupos paralelos de 12 pasos, indica que la persona debe dejar de querer controlar y hacer esfuerzos para que el adicto deje de consumir, debe dejar de sufrir y entregar sus emociones a “su enfermo”, como le llaman en los círculos de AlAnon y, por doloroso que sea, debe concentrarse en sí mismo, buscar su propia recuperación, aprender a vivir con la enfermedad y a cómo mantenerse en equilibrio sin ser arrastrado por el consumo.

¡Pero eso es imposible! ¿Cómo me puedo concentrar en mí, sabiendo que mi familiar se está destruyendo? ¿Cómo que yo necesito ayuda o tratamiento si el enfermo es mi familiar? Estas son expresiones comunes entre las personas que viven y padecen la convivencia cotidiana con un adicto.

En efecto, todo eso debe hacerse si lo que se desea es devolverle la salud al sistema familiar, aprendiendo a lidiar con la enfermedad, para lo cual hay que conocerla, identificar sus rasgos más característicos y sobre todo, saber qué hacer y cómo actuar en las crisis personales, conyugales o familiares, esté en consumo o en rehabilitación el paciente, ya que muchas veces el pensamiento adictivo sigue presente meses o años después de haber dejado de consumir o estar en abstinencia.

Si partimos de la premisa de que la enfermedad es incurable y progresiva y que el tratamiento implica la abstinencia y eventualmente hay recaídas o pese al tiempo de recuperación pueden presentarse crisis de neurosis e ingobernabilidad, las esposas o los esposos, las hijas o hijos, los padres o los hermanos de un adicto deben trabajar en su estabilidad emocional, en la admisión de la derrota de que no está en sus manos sanar al paciente y de que la mejor forma de contribuir al sistema es cambiando ellos mismos y dejando de luchar contra el adicto.

“Que empiece por mí”, dice uno de los axiomas de los familiares de AA en los grupos paralelos de AlAnon o Alateen, refiriéndose a que sólo si yo estoy bien y dejo de luchar contigo, entonces podré contribuir a la salud del sistema.

Para quienes me leen en Puebla, este sábado a propósito del tema, estará en la ciudad mi colega, especialista en adicciones, Eric Bernache, dando una plática para hijos de alcohólicos en el grupo Valle de Puebla, en punto de las 11:00 horas.

omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com

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