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Domingo , 16.12.2018 / 15:09 Hoy

Fuera de Registro

Ya que hablamos de diversidad

Nicolás Alvarado

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La futura secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, ha anunciado a Laura Esquivel como próxima titular de una subsecretaría de Diversidad Cultural, al parecer liberada de su no del todo compatible función complementaria de Fomento a la Lectura. Falta ahora saber qué ha de entender por diversidad un gobierno surgido de una coalición que, de entrada, incluye un partido refractario a los derechos de las minorías sexuales.

Conozco bien a Frausto y no tengo sino cosas buenas que decir de ella: allende su trabajo en pro de las culturas populares y su recurso al arte para la rearticulación social, sé bien que su visión de la diversidad es compleja y contemporánea. Preocupa, sin embargo, un discurso de partido que, no bien afirma que “México es reconocido en el mundo por su riqueza cultural”, puntualiza que “[e]sta diversidad tiene su base en las culturas indígenas”. Y no porque sea falso, sino porque se antoja muy parcial.

Las culturas de los pueblos originarios son parte toral de la riqueza cultural de México. Pero solo al mismo título que las manifestaciones culturales asociadas a la diversidad sexual, las culturas urbanas más o menos marginales, el mainstream pop globalizado, los vuelos atemporales —y a menudo cosmopolitas— de la alta cultura o, mejor y más estimulante aun, que la gozosa y fecunda intersección de dos o más de estas vertientes. En un escenario en que las identidades culturales son cada vez más lábiles y complejas, no parece deseable que el Estado enarbole una visión monolítica de lo que es la riqueza cultural, y menos que a partir de ella destaque “misiones”, a lo vasconceliano, para catequizar a los infieles. Mejor pensar una política cultural que asuma al Estado mero facilitador del diálogo intercultural entre pares, posibilitador de un entreveramiento de los referentes —étnicos, sexuales, religiosos, territoriales y de tantas otras índoles— que redunde en una producción cultural dinámica y sorpresiva.

Es ahí donde será posible recrear no la noción de lo mexicano, sino, mejor, sus tantas nociones.


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