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Domingo , 21.10.2018 / 07:35 Hoy

Fuera de Registro

Sobre hielo

Nicolás Alvarado

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Discreparé con una de las publicaciones que más respeto me merecen: The New Yorker, cuyo crítico Richard Brody habría de acusar a la película de Craig Gillespie I, Tonya de “perpetua[r] la condescendencia misma que pretende condenar [al] trata[r] el entorno de Tonya, sus gustos, sus hábitos, su forma de hablar, como un chiste”.

Cierto es que buena parte de la cinta, basada en la vida de la patinadora olímpica Tonya Harding y en su relación tenue pero escandalosa con el ataque sufrido por su competidora Nancy Kerrigan en 1994, ostenta un tono fársico, en que la risa del público deriva de una apelación a su presunta superioridad cultural. Ambientada en parajes que es posible definir con el políticamente incorrecto calificativo redneck —el de los blancos pobres crecidos en paisajes sembrados de strip malls y alimentados de comida chatarra—, I, Tonya parece regodearse en la vulgaridad y la violencia de su medio, afectar guiños cómplices con ese público que lee el New Yorker, está pendiente del cine nominado al Oscar y se asume, por su presunta clase, puesto a salvo de semejante desierto cultural. Valdría tildarla de condescendiente si no fuera por dos parlamentos clave, que no solo la resignifican, sino que, con pirandelliana saña, nos obligan a resignificarnos.

“Eso es lo que vinieron a ver todos, gente. ¡El puto incidente!”, anuncia Tonya (Margot Robbie), a propósito del escándalo sensacionalista que terminaría con su carrera: entonces cobramos conciencia de que, si hemos acudido, es porque a nosotros también nos seduce el espectáculo estridente de la miseria ajena. Así habremos de corroborarlo hacia el final, cuando una Tonya golpeada ya no por su madre y su marido, sino por la opinión pública, rompa la cuarta pared y nos espete “Fue como volver a ser abusada, solo que ahora por ustedes. Por todos ustedes. Ustedes también son mis atacantes”.

Condescendencia sería no problematizar las relaciones de clase, que están en el centro de esta historia. Al osar abordarlas, I, Tonya resulta a un tiempo cruel y compasiva, brillante.

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