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Martes , 13.11.2018 / 14:31 Hoy

Fuera de Registro

El sonido del silencio

Nicolás Alvarado

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La escena más conmovedora de la reciente película Call Me by Your Name es la última: al saber su amor juvenil perdido, Elio (Timothée Chalamet) se sienta ante la chimenea en silencio. Sus gestos son pocos e infrecuentes —se muerde el labio inferior, arruga la boca, se limpia una lágrima—, pero transmiten su desolación mucho mejor de lo que lo habrían hecho un exabrupto de violencia física o un parlamento de gran lirismo. La cámara de Luca Guadagnino se mantiene cerrada en un big close-up de un Chalamet digno y devastado, perturbado e imperturbable. El largo momento transcurre sin palabras, a no ser por la presencia extra diegética de una canción de Sufjan Stevens. Linda canción, concederé, pero también elección equivocada (como lo habría sido cualquier otra), pues distrae de la expresividad del silencio de quien está llamado a ser un gran actor cinematográfico, verbigracia su capacidad para aguantar una toma continua y cerrada de más de 3 minutos sin hablar, sin otra acción que la muy íntima e incómoda de abandonarse al dolor sin aspavientos y comunicarlo sin palabras. El duelo, dice sin decir, es inefable.

Recordé la escena ante el video de otro adolescente que, ahora en un entorno ajeno a la ficción, ha elegido el silencio para comunicar lo incomunicable. Se trata de Emma González, alumna de la escuela Stoneman Douglas de Parkland, Florida, quien en su participación en la reciente marcha por la regulación de la venta de armas en Washington dedicó un par de minutos a leer un texto triste y hermoso sobre todo lo que ya no podrían hacer sus compañeros muertos, antes de permanecer el resto de los 6 minutos y 20 segundos que habría de durar su espacio —idéntico lapso al que tomara la masacre— en absoluto silencio.

Entre los cientos de miles de asistentes, desconcertados en un primer momento, hubo quien quiso zanjar la incomodidad del momento con consignas, con discursos truncos, con aplausos. Pese a ello, Emma, llamada a ser un gran actor político, mantuvo su silencio.

Fue el suyo un discurso de una rara elocuencia.

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