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Sábado , 20.10.2018 / 23:16 Hoy

Fuera de Registro

Dar voces

Nicolás Alvarado

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Pese a las 37 semanas en que ocupara el primer lugar, el álbum de larga duración que más semanas ha pasado a la cabeza de la lista de popularidad de la revista Billboard no es el Thriller de Michael Jackson: tal honor habrá de corresponder al soundtrack de la película que México conoce como Amor sin barreras y el mundo como West Side Story, que encabezara tal nómina a lo largo de 54 semanas entre 1962 y 1963.

La película no sólo es bien conocida sino que se trata de un musical, por lo que no es imposible que el lector se apreste a concluir que el mérito es no sólo de la música de Leonard Bernstein y de las letras de Stephen Sondheim sino de las voces de sus protagonistas: Richard Beymer, Rita Moreno, George Chakiris y —la más inolvidable de todas— Natalie Wood, soberbia en su empeño por derrotar sus genes rusos para interpretar a una puertorriqueña, dotada de una voz poco menos que angelical. Se equivocará. Porque, en la banda sonora de la película —y por tanto en el disco—, el Tony que interpreta “Tonight” no es Beymer sino un tal Jim Bryant y porque, para efectos estrictamente musicales, la María que se siente pretty and witty and bright no es esa Natalie bonita pero sorda sino una señora llamada Marni Nixon, solista fetiche del Bernstein director de la Filarmónica de Nueva York, a la postre nominada al Grammy por sus interpretaciones de Schönberg y de Copland.

Nixon acaba de morir a los 86 años de edad, y la noticia concita la tristeza no sólo de melómanos sino también de cinéfilos pendientes de la trivia. Porque, sin rostro y sin crédito, Nixon habría de prestar también su voz meliflua y su dicción perfecta a las interpretaciones musicales que habrían debido realizar Audrey Hepburn en Mi bella dama, Deborah Kerr en El rey y yo y Algo para recordar, Sophia Loren en Boy on a Dolphin y hasta Marilyn Monroe —cuando menos en las notas más altas— en Los caballeros las prefieren rubias. Privada de crédito en películas como en discos, pagada a destajo por sesión de grabación, de ninguno de esos soundtracks cuyos elencos encabezara habría de recibir regalías, excepción hecha del de West Side Story, y eso sólo porque su amigo Bernstein habría de compadecerse de ella al punto de cederle la cuarta parte de las suyas.

Lo que es más, el de Nixon (y el de las estrellas a las que diera literal voz) no habría de ser un caso aislado en la historia de Hollywood. Inolvidable resulta la secuencia de la cinta homónima de Charles Vidor en la que Gilda revela todo sin mostrar nada mientras canta “Put the Blame on Mame”; el mérito, sin embargo, no es sino a medias de Rita Hayworth pues quien canta terremotos e incendios en la pista de audio es la Anita Ellis que también llevara por ella la voz cantante en La dama de Shanghái. Si Cyd Charisse encuentra una voz a la altura de sus piernas es porque se la presta —en The Band Wagon— India Adams, a quién también debe Joan Crawford el que pensemos que haya aprendido finalmente a cantar entre la Dancing Lady de 1933 (donde canta —o, mejor, croa— con su propia voz) y la Torch Song de 1953, los dos musicales de su carrera. (Tan bien convenía la voz candente y metálica de Adams a los adustos rasgos de Crawford que, al necesitar Nicholas Ray que el personaje de la actriz interpretara una canción en su Johnny Guitar, habría de recurrir a Adams, ya sólo para dar continuidad sonora a la narrativa estelar de su protagonista). No es Leslie Caron quien canta “Hi-Lili Hi-Lo” con Mel Ferrer: es Betty Wand. No es la voz de Ava Gardner la que nos conmueve con “Can’t Help Lovin’ Dat Man” en Show Boat sino la de Annette Warren. Por no ser, no es Christopher Plummer quien interpreta “Edelweiss” en La novicia rebelde (es Bill Lee) ni Dooley Wilson quien responde a la súplica neurótica de Bogart de cantar por enésima vez “As Time Goes By” en Casablanca (obedece por él Elliot Carpenter). E, ironía suprema, incluso Cantando bajo la lluvia, película que evidencia y condena los trucos de doblaje en el cine, hubo de recurrir inexorablemente a ellos: como la voz de Debbie Reynolds no era lo suficientemente hermosa para sustituir la nasalidad histérica de la de la Lina Lamont interpretada por Jean Hagen, el estudio hubo de recurrir a Betty Noyes para corregir el timbre de la presunta correctora.

En el cine contemporáneo, más naturalista, el doblaje se hace raro: es, en efecto, Michelle Pfeiffer quien canta en The Fabulous Baker Boys, Kevin Spacey en Beyond the Sea, Nicole Kidman e Ewan McGregor en Moulin Rouge, Renée Zellwegger en Chicago, Johnny Depp en Sweeney Todd, todos con razonable solvencia (o con AutoTune). Diría que corren tiempos más morales si la interpretación de Antonio Banderas en Evita no me apartara del camino del bien cada que pongo el disco.

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