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Sábado , 21.07.2018 / 03:46 Hoy

Vuelta prohibida

Lecciones no aprendidas

Néstor Ojeda

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El presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, lanzó hace unos días una sentencia que cayó como lápida sobre el gobierno, las instituciones, la clase política y la sociedad mexicanas. O por lo menos así debería haber sido porque tal parece que no hay espacio ni en las distintas esferas de poder ni en las oposiciones, movimientos sociales o la intelectualidad para romper de manera efectiva los ciclos de crisis permanente en México.

"Los costos de las lecciones no aprendidas son muy altos. No podemos eludir o voltear la cara a la realidad que tenemos, es nuestra responsabilidad empezar a transformarla", dijo al presentar su Informe 2015 ante la Comisión Permanente del Congreso, a propósito de la crisis de derechos humanos que vive México y que, por cierto, ha provocado la caída del país en el ranking democrático de América Latina.

El ombudsman mexicano dijo, con una claridad que debería llenar de vergüenza a todo el sistema de procuración e impartición de justicia, al gobierno federal (desde jefe del Ejecutivo pasando por el gabinete) y a todos los gobernadores del país:

"En septiembre de 2014, el caso Iguala nos indignó y movilizó ante la barbarie generada por la colusión entre algunas autoridades y el crimen organizado. Hoy, a poco más de un año, un caso como Tierra Blanca, en el que pareciera repetirse ese vínculo funesto, nos hace cuestionarnos sobre nuestra capacidad para aprender del pasado y si efectivamente queremos y podemos superar nuestras deficiencias y omisiones".

Y de inmediato urge a replantear las políticas públicas para acabar con la impunidad, pero no solo eso, advierte de algo que no solo aplica en materia de justicia y derechos humanos: "Los problemas que enfrentamos no podemos asumirlos como parte de una normalidad sustentada en la ilegalidad, la injusticia, la violencia y la corrupción".

La ausencia de auticrítica, la desmemoria, impunidad y cinismo son así señalados por González Pérez como los elementos corrosivos que destruyen al país y que, hay que agregar, parecen estar metidos en el ADN de la vida pública de México, tanto del lado oficial como de su oposición.

Valiente discurso del presidente de la CNDH, pero no se ve por ningún lado que gobernantes, políticos, partidos, organizaciones sociales o activistas tengan la intención de hacer un alto a la diatriba y la confrontación interesada para buscar vías de cambio a partir de aprender las lecciones que nos han dejado los errores y las tragedias pasados y presentes, por más que unos y otros se desgarren a su manera las vestiduras siempre en nombre del bien de México y de su vapuleado pueblo.


nestor.ojeda@milenio.com

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