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Jueves , 20.09.2018 / 18:30 Hoy

Cuentos

Ramiro y el silencio

Mored

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“We’re leaving together,
But still it’s farewell
And maybe we’ll come back
To earth, who can tell?
I guess there is no one to blame
We’re leaving ground (leaving ground)
Will things ever be the same again?

It’s the final countdown
The final countdown”
Europe


Cuarenta años de prisión es mucho tiempo, pensaba Ramiro, sobre todo cuando es por un delito que no cometiste, claro, los jueces escuchan eso un día sí y el otro también, pinche suerte la mía, entrar al OXXO que está asaltando tu primo al que te pareces un chingo -suspiro varias veces y se recostó en su catre de resortes habladores y hostal a punto de encuentro para “cimex lectularius, blatodeas y siphonapores”, nombres muy sofisticados para referirse a chinches de cama, cucarachas y pulgas-.

Algo lo despertó y no fue la voz golpeadora de Hulk, sobrenombre del celador que de miércoles a domingo los suele despertar con una serie de gruñidos que parecieran venir de la parte más extrema de su tracto digestivo.

Era un ruido tan parecido al silencio que guardan las escuelas cuando deja de haber alumnos en las vacaciones, silencio tan ensordecedor no existe.

Ramiro se enderezo sacudiéndose de cuanto bicho se aloja durante la noche en su cobija, para después comer a deshoras de la sangre del mamífero más cercano o más dejado. Se encontró de repente en una condición que no entendía, algo tan parecido al abandono, pero, ¿cómo podría estar en una situación tal en un CEFERESO de máxima seguridad? Es igual a pensar que en un campo militar los soldados se van de pinta y no le avisan al coronel o que los bomberos dejen la estación porque decidieron tomarse vacaciones.

-La ventaja de estar en la zona de aislamiento, es que te dan un poco más de comida para que se compensen las madrizas que te ponen en la semana, cuando te niegas a ser compañero nocturno de la directora de la cárcel-hablaba en voz alta, llevando su mirada a todos los muros de uno por dos metros y cuatro de altura, esperando ver una ventana que desde la primera vez que lo conminaron a punta de macanazos a pasarse unos días en esa sección, buscaba.

Por la breve ventanilla al final de la puerta de acero reforzado, buscaba una señal de alguien que le explicara aquel incómodo silencio.
Pronto, escucho unos sonidos del lado derecho, tras la puerta de acceso a esa sección: ¡heyyyy!, ¿hay algún simulacro en el centro o vino alguna caca grande y los llevaron a todos al patio para rendirle homenaje al tipo?

Rasguidos parecidos a los que se hacen cuando alguien trata de abrir una puerta: ah, no me escuchan, lógico, apenas hace dos días reforzaron las puertas de seguridad y por lo menos los siguientes tres días los sonidos no pasan, ni de ida, ni de vuelta, pero ya se nota están queriendo abrir la puerta que se trabó desde que las resellaron -rumiaba con alivio de saber lo sucedido-

-¡Calderón, Calderón chingao!
-Sí inge, perdón revisábamos las últimas listas
-Eso quería saber, ¿todo cotejado?
-Si inge, todo libre
-¿Qué te decía el inge?
-Nada que si las listas están cotejadas
-Checaste todas las listas ¿verdad güey?
-Si brother y las que tenían faltantes fuimos área por área y gritamos en todas y no hubo respuesta, nomás un gato que había acorralado a un ratón frente a la puerta de aislamiento, pero ningún preso
-Leonel, proceda
-Sí inge, ¡atentos todos, demolemos en tres, dos, uno!
Fin

@moredilustrador

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