• Regístrate
Estás leyendo: Demonio blanco (parte II)
Comparte esta noticia
Jueves , 18.10.2018 / 22:40 Hoy

Cuentos

Demonio blanco (parte II)

Mored

Publicidad
Publicidad

“Tu amor me dilata. La realidad me contrae.”
Fernando Rivera Calderón

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­

De su memoria le quedó claro el derroche de fluidos a lo largo y ancho de la habitación, menos el tubo del centro, probablemente por una mala experiencia en la única clase de “pole dance” que ha tomado en su vida, un madrazo de alto grado de dificultad en el tubo, debut y despedida.
De a poco aquello tomaba cuerpo, llegaron al hotel, cogieron por todos lados, se vinieron por todos lados, pero el cómo inició, dónde lo conoció y cómo terminaron ahí aún no estaba claro, ni cercanamente.

Hubo que dar muchos pasos atrás y hurgar en el último recuerdo del día anterior y emigrar hasta la tarde previa en la oficina de su restaurante vegano en la colonia Narvarte, donde estuvo atendiendo a proveedores. Recordaba haber recibido al de las verduras, al de las hortalizas, al plomero que finalmente fue a arreglar la fuga del baño de empleados que se supone ya había arreglado y con el cual había discutido cualquier cantidad de veces por “whatsapp” para que regresara a hacer bien la chamba que además ya se le había pagado. También recordaba haber checado la agenda donde ya no había más pendientes y fue que vino aquel recuerdo; cercano a las nueve de la noche y a punto de cerrar el restaurante, llegó un tipo con facha de hippie post moderno y con aires de hipster a quien no recordaba haber citado a esa hora ese día, pero que finamente un post-it delator que se aferraba a la página haciendo de separador de la misma le comunicó: poner en la agenda la cita del representante de cuchillos Victorinox a las nueve de la noche.

El chico en cuestión representaba a esta empresa especializada en cuchillos para restaurantes, una vez frente a frente y con esa maestría que sólo dan las horas vuelo en las ventas, le mostró el catálogo completo, le habló de las bondades de cada una de las piezas, la forma de ordenar y comprar, los porqués no deberían comprar con la competencia y sobre todo algo que fue con lo que terminó de convencerla: en la compra de un cuchillo adecuado para cada uno de sus cocineros le garantizaba dos más sin costo extra, en el caso de que en los primeros tres meses cambiase de personal y el nuevo usuario fuese de una complexión distinta al anterior. Entendamos que en el mundillo de los chefs, un cuchillo se debe usar acorde a la talla y peso del usuario, los tamaños del instrumento son en función de estas características.

La promesa de compra se hizo, la seguridad del amigo al hablar del producto, la oferta realizada, sus ojos de mirada profunda, lo entallado de su pantalón blanco, su cabello largo amarrado en chongo a la altura de la nuca y el bulto prominente en la entrepierna terminaron por hacerla firmar la orden del pedido. Su nariz de Condorito pasó desapercibida.

Una vez estampada la firma y sello de la empresa, ella le propuso brindar con un mezcal que justo había llegado de Puebla con calidad de “Espadilla” endémico y con denominación de origen. Él aceptó gustoso compartiéndole que siendo viernes y tras una buena semana de ventas, cerrarla con un brindis y una compañía tan hermosa como la suya era un regalo del universo. Ella ante tales palabras se sintió más que halagada, se sintió excitada.

La plática inició con los grandes temas, pasando por un confesionario de la vida de cada uno, el número de divorcios y parejas recientes hasta llegar a los temas “sexosos”, que en maridaje con la media botella de mezcal que llevaban abrió la puerta al primer beso, al primer faje y a la propuesta de él de irse a un sitio más privado y sólo para ellos dos.

El destino fue un hotel sobre calzada de Tlalpan, a la altura del metro Villa de Cortés, ella le confesó esa fascinación que tenía sobre el uso de la rudeza en la cama, un poco la tortura, a lo que él entro en un estado de excitación, como la de un adolescente en el momento de su primer faje. La camioneta rebasaba un poco el tamaño de la cochera de la habitación, entonces decidieron subir todo lo de valor, bolsa, laptop, muestrario de cuchillos, etc.

No hubo formulas románticas para desnudarse el uno al otro, aquello no era una noche de bodas, era una cogida y como tal cada uno se desnudó aventando cuanta prenda le estorbaba. De ahí a la cama fue un solo movimiento, lamerse, chuparse y penetrarse por todos lados...

@moredilustrador

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.