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Martes , 13.11.2018 / 14:28 Hoy

Cuentos

Demonio blanco parte 1

Mored

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“Por qué he de acostarme debajo de ti, yo también fui hecha de polvo a imagen y semejanza de un Dios y por lo tanto soy tu igual”

Lilith (primera esposa de Adán)

I.- Lammia

Tu altura Lammia me es incómoda, gozo de las mujeres más bajitas, pero estando frente a ti es irrelevante. Me gusta tu cabello en caída libre, las formas orgullosas de tus tetas, tu piel satinada, el color terso de tus ojos y tus labios generosamente peligrosos; pero sobre todo me gusta la sensualidad que calzan tus piernas y nalgas cuando usas mallas.

Eres un ser presente en la ausencia, escondida en tu devoción al trabajo, a tus proyectos y al miedo a vivir de otra manera. Entre tú y tú misma no hay un espacio para nadie más.

Me seduces y me confundo, ignoro si es tu luz o tú sombra la que me roba. Abres las puertas de tu casa a extraños conocidos, les alojas, con la misma generosidad con la que tratas a tus mascotas, a tus vecinos, a tus clientes, a tus empleados, a tu madre.

Pero por otro lado está tu humor negro, tu facinerosa y dicharachera forma con la que hablas del sexo, esa mirada que incluso hace cambiar la temperatura de tus ojos, esa sonrisa de tres cuartos indefinida y tramposa. Esa naturalidad con la que les consigues a chicas a tus empleados bajo el argumento de: “ellos son una extensión de mí y quiero que estén bien, no les llevo unas putas, porque puta es aquella que coge con desconocidos y yo las conozco a ellas”, me hablan de una parte tuya que no encaja en la luz y que sólo puede estar en las sombras.

Eres como un demonio blanco, fuerte, suave, caliente y frío o bien eres un ángel perverso, rojo e inquieto e inquietante, helado.

Pero en cualquier caso, eres un ser con el que todos quieren estar. Para quemarse con tu frío o congelarse con tu calor.

II.- Lammia en su jugo

“En la profundidad de la mentira siempre hay algo perverso.”
Elena Garro

Lammia abrió los ojos y no lo reconoció, no recordaba haber llegado con él a la cama, ¡no recordaba haber llegado a una cama! Y así como intentaba hacer memoria, la angustia le sujetó el estómago a medida que nada se aclaraba en su cabeza.

Se incorporó cuidando de no despertarlo, intentó verle la cara, no lo logró, la melena larga le protegía el rostro del que sólo se asomaba su nariz de aguileña doble talla.

Entonces miró a su alrededor y se dio cuenta que no estaba en su departamento, tampoco parecía el departamento de él, de hecho no parecía un departamento a menos que este chico tuviera una fascinación por el color rojo, espejos por doquier incluyendo el techo, tubo al centro de la habitación y muebles oblicuos, donde a pesar estado de angustia, cruda y desorientada, se le vinieron muchas ideas a la cabeza que sin duda lubricarían a la más mojigata de las monjas, si es que existen monjas mojigatas.

Cuando logró zafarse de la cama, comenzó a deambular por la habitación, buscaba un algo que le permitiera recordar cómo es que habría llegado ahí y quién era el tipo de la cama. Su primer pensamiento fue lo fácil: me empede con este güey, me calenté y llegamos a este hotel. Pero su mente le decía otra cosa y perder la razón en una peda no estaba en su decálogo de la “perfecta millennial”, en donde se indica que el término novio debe suplirse por el de amante y siempre en plural, es decir, no hay exclusividades, siempre tener el control y por lo tanto nunca perder la cabeza por ningún morro y menos en una borrachera.

Una vez concluido este diálogo interno, procedió a buscar la pista que le permitiera activar esa parte en su cerebro bloqueada. Finalmente encontró su tanga beige de hilo diminuto, justo abajo del mueble que está frente a la cama, si es que la cama tiene un frente ya que su forma circular complicaba la orientación. Entonces recordó un episodio donde el amigo de la nariz de “alcanzaqueso” la tuvo de frente al mueble aquel, sujetándola por las caderas y así como esa escena se vinieron en cascada un montón de más, la cama en toda su circunferencia, los mueblecitos oblicuos donde se adaptaron como fluidos, las ventanas, la alfombra, las sillas, taburetes, pared, puertas y los espejos fueron los sets de esa película de entrar y salir jadeantemente humectados. Así se corrió la bruma (CONTINUARÁ)

@moredilustrador

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