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Siguiéndote los pasos

Corrupción, impunidad y sinrazón

Mónica Ramírez

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La situación por la que atraviesa nuestro país, rebasa cualquier línea moral, ética, humana. La podredumbre se ha apoderado de casi todos los aspectos de la vida cotidiana, por no hablar de los tres niveles de gobierno.

En México ya no hay una escalada de la violencia, no; ésta ya llegó al tope y más allá de lo posible y de lo imaginable, ante la mirada pasiva de las autoridades y de una sociedad que, desgraciadamente, ya dejó, desde hace mucho tiempo, de sorprenderse y de indignarse ante tales hechos.

La barbarie se ha abierto paso en nuestro país. El narcoterrorismo ya se instaló de manera definitiva en la sociedad. El gobierno mexicano se empeñado en voltear la mirada hacia otros lugares menos "feos", que no empañen la "buena" imagen construida por los gabinetes de comunicación.

Mientras, afuera, la sociedad se desgarra, se desmorona y pasivamente deja pasar situaciones que en otras latitudes se ven incomprensibles. ¿Cómo es posible que México haya llegado a esos niveles de corrupción e impunidad como se ve ahora? ¿Cómo es posible que se permita tanta violencia, tanto salvajismo y sin hacer nada? ¿Cómo es posible que el país se haya convertido en una enorme fosa común y no haya nadie que responda por los crímenes?

Dentro de la vorágine de imágenes de las marchas por los normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos a manos del narcotráfico, hubo un cartel que llamó mi atención y resume lo que está pasando en nuestro país, lamentablemente. Una joven se preguntaba "¿Qué se cosecha en un país que siembra cadáveres?". La respuesta está a la vista.

Para los países más civilizados, México es un territorio salvaje, sin ley, donde la gente muere a manos de grupos delictivos, donde no es seguro viajar, donde no es posible invertir, donde si vas es posible que no regreses con vida.

En qué parte del camino se perdió el rumbo, dónde se tomó la vía equivocada, y se dejó crecer la delincuencia a tal grado. La dimisión del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, era lo mínimo que se esperaba que pasara, pero desafortunadamente eso no traerá de vuelta a los jóvenes normalistas desaparecidos ni tampoco devolverá la vida a los cientos de muertos que están siendo hallados en fosas clandestinas, precisamente a raíz de este caso.

El territorio de México es un enorme cementerio, en donde los muertos no descansan en paz, porque no hay justicia, porque las leyes no se cumplen ni se aplican, porque no se dan respuestas a miles de preguntas, porque seguirá prevaleciendo la corrupción, la impunidad y la sinrazón.

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