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Miércoles , 20.06.2018 / 07:26 Hoy

Siguiéndote los pasos

Acoso

Mónica Ramírez

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Destapados públicamente los tristes casos de niños asesinados por niños en las escuelas, producto del acoso escolar, la Secretaría de Educación Pública presenta un listado de 15 acciones para combatirlo, es decir, como diría la sabiduría popular, "después de ahogado el niño quieren tapar el pozo".

Los casos que salen a la luz son gravísimos. La escuela se supone que es un sitio seguro, donde los padres de familia van y depositan con confianza ciega a sus hijos, porque ahí serán cuidados y aprenderán; sin embargo, los centros escolares, ahora como cualquier otro sitio público de México, se han convertido en lugares inseguros y donde se ejerce violencia extrema.

El problema social que reviste este tema no es para desdeñarlo. Son muchos y continuos los casos que se registran a todos los niveles, sobre todo en primaria y secundaria. Los niños lo callan por miedo o vergüenza, los padres deberían estar alertas, los profesores detenerlo.

La firma de convenios por parte de la SEP en contra del acoso escolar y la creación de una instancia oficial en cada entidad para atender los casos parecen insuficientes. Firmar documentos y tener una dependencia de gobierno encargada del tema no detendrán ipso facto el problema. Tampoco lo harán las campañas permanentes contra la violencia.

Este es un tema profundo, con raíces más allá de las buenas intenciones. No es que los 15 pasos establecidos por la SEP no sean importantes, sino que se trata de ponerlos en marcha inmediatamente, que se trabaje desde el seno de la familia de los niños acosadores, de los niños que ejercen la violencia, porque su entorno no es distinto a lo que manifiestan en la escuela.

Esconder lo que sucede es impermisible. Debemos dar a la luz los casos, para prevenir, para concientizar, para hacer un llamado y sobre todo, para detenerlos.

El problema es a escala mundial, pero debe preocuparnos lo que sucede en nuestro entorno, con los nuestros, que no nos consuele que esto sucede en otros lugares. Esto no debería suceder, no deberían ser hechos que entren en las estadísticas criminales. Los niños deben estar a salvo de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

Si nos preocupamos cuando los menores son víctimas de personas mayores, más deberíamos ocuparnos cuando mueren a manos de sus pares. Niños violentos, con instintos homicidas no auguran un futuro muy brillante para el país, eso está más que claro.

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