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Jueves , 20.09.2018 / 05:13 Hoy

Cazapalabras

2017-09-12

Moisés Cervantes

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Los albures mexicanos no todo mundo los entiende, y hablo de personas no de otros países, sino de México. ¿En qué consiste ese contrato implícito de comprensión? Creo que la respuesta la tenemos en la semiología, entendida como el estudio de los signos en la vida social; signos que son de distintas clases, que tienen su ascendencia en otras ramas de la lingüística como la fonología, la morfología, la sintaxis, e incluso en el estudio del lenguaje corporal.

Cuando en un albur alguien dice la palabra ‘chico’ y otro le contesta: ¡Eh chaparrito!, se tiene que entender que chico no es un sinónimo literal sino semiológico del ano; por qué chico, porque es chirris (pequeño); término que tiene entre otros sinónimos: chiquis, chiquito. El ‘¡Eh chaparrito!’ representa al modo imperativo del verbo echar: e-cha, echa, échale.

Otro término que morfológica y fonológicamente sería sinónimo de echa o échale es: Chalío, (nombre apocopado de Rosalío).

Los padres de familia avisados ponen los nombres de sus hijos previendo todas las posibilidades de que estos no sean objeto de abusos albureros. Julián, por ejemplo, es un nombre albureable porque su connotación fonológica es el culo, culián, Julián (también Julio y Julito, que sería culito); entonces a Julián le van a decir Damián, cuyo equivalente es el modo imperativo del verbo dar, ‘dame’, ‘damián’.

La combinación de los nombres y los apellidos tienen que verse de manera preventiva para el mismo efecto de no victimizar de por vida a los hijos. Dona, por ejemplo es un nombre común en Estados Unidos, pero en los albures tiene una connotación anal y además es el presente del verbo donar (dona la dona), por lo que debe evitarse a toda costa, al igual que el nombre de Dora. A la abuelita del amigo de un primo, le decían mamá Dorita.

Hay papás poco listos como el caso de Jorge Vergara (dueño del equipo Chivas, de futbol) quien tiene una hija que se llama Valentina y de cariño, le dicen Vale, o sea Vale Vergara. Su otra hija se llama Mariaignacia, o sea Marinacha Vergara, que para el argot alburero, es un contrasentido o lucha de los opuestos: Nacha (de nalga) y Vergara (que no requiere acotación explicativa). Adicionalmente, por si fuera poco, Marinacha es una palabra homófona de marimacha. Hasta el próximo CAZAPALABRAS.

moises.cervantes@milenio.com

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