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Domingo , 22.07.2018 / 08:19 Hoy

Columna de Miriam Hinojosa Dieck

Las jefas

Miriam Hinojosa Dieck

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Las cifras del INEGI que indican que el 30 por ciento de los hogares mexicanos tiene como principal sostén a la mujer, han sacudido a más de una buena conciencia. De entrada, seguramente, porque creían que eran menos. De hecho, lo eran, del censo pasado a este conteo intermedio, ese perfil poblacional creció en alrededor de un cinco por ciento.

Pero hay cosas más profundas en el asombro que esta noticia genera. Tienen que ver, precisamente, con el apelativo de "jefas de familia" que se les ha otorgado. Esto quiere decir, en términos técnicos, que la mayor parte del ingreso familiar es proveído por ellas. Pero esto también indica que quien manda en un hogar es quien "pone el pan en la mesa". Ello significa que la mayoría de los hogares tienen, desde esta perspectiva, un jefe hombre, pero que ese número de jefaturas va en descenso, lo que muy probablemente pone nerviosos a quienes ven en la estructura tradicional familiar la forma de perpetuar un estado de cosas que los ha beneficiado por siglos.

Durante mucho tiempo el que la madre de familia trabaje ha sido entendido como un mal necesario al que tienen que acostumbrarse los hijos de familias con complicaciones económicas. Las propias madres que laboramos hacemos eco de este malentendido cuando, al ser cuestionadas por nuestros hijos por dejarlos al ir a trabajar, les contestamos que sin eso no habrá acceso a vestido, comida o paseos. Prácticamente nunca hablamos de realización profesional o contribución al desarrollo del país entero.

Pero, particularmente preocupante es que, al leer estos datos, se dé por hecho que se trata de hogares monoparentales, ya que implica la consideración de que no hay hombres dispuestos a vivir en esa realidad. Se ve en el liderazgo femenino un reto a la masculinidad que en mucho ha contribuido a buscar el sometimiento de las mujeres. Los datos del INEGI no indican cuántos hogares viven en pobreza por mantenerse atados a la aportación del padre como único sustento posible y a la reclusión de la madre en el hogar como única opción viable para criar a los hijos.

Ni solas ni dejadas. Eso sí, muy mal pagadas y sosteniendo bajo el brazo un kit de ventas por catálogo para redondear las quincenas, las mujeres salen a la calle para buscar el sustento y vuelven a la casa no sólo con dinero sino con una nueva y más sana forma de entender nuestra realidad.


Politóloga*
miriamhd4@yahoo.com

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