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Miércoles , 19.09.2018 / 14:29 Hoy

Columna de Miriam Hinojosa Dieck

La guerra educativa

Miriam Hinojosa Dieck

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Retomar las clases es un calvario en muchos sentidos. El golpe a la economía de los hogares es mayúsculo. Útiles, uniformes, zapatos, cuotas de todo tipo. La circulación vive sus peores momentos con el regreso a la escuela, todos queriendo llegar al último minuto posible, dejar a su retoño exactamente en la puerta del salón, tomarle la foto del recuerdo y darle la bendición invocando a todos los santos, tal como lo hacía la abuela en ocasiones especiales. Es onerosa también en la energía que demanda retomar el ritmo del que nos habían extraído las vacaciones y reconstruir el tejido institucional y familiar que permite llevarlos y recogerlos en horas que son para muchos laborales.

Pero allí debería de quedar el asunto. La vuelta a la escuela no debiera ser un tema de jaloneo político. El acceso a un nuevo ciclo escolar no puede ser la moneda de cambio con la que grupos de presión como la CNTE hagan sus negociaciones laborales. Ese día en el calendario es la materialización de la ignominia cuando está cubierto de incertidumbre para tantos niños del país. Y, no es un asunto menor, de entre los más vulnerables por su situación geográfica y socioeconómica. El día de la gran oportunidad, se convierte en la fecha de la discriminación, de la condena a la desigualdad. Porque en un país con la mitad de su población en estado de pobreza, la negativa, por las razones que sean, del acceso a una formación, equivale a decidir que para algunos no haya nunca escapatoria a la espiral de miseria.

En las condiciones que vivimos, la amenaza de la CNTE debe equivaler a una declaratoria de guerra y el 22 de agosto a nuestro Día D; porque nada pone en mayor riesgo nuestra integridad como nación que la incapacidad del Estado para cumplir sus obligaciones, especialmente aquellas que ponen en juego el porvenir de aquellos a quienes pomposamente en cada discurso se denomina "el futuro de la nación". Nada pone ya en tela de juicio la necesaria intervención del Ejecutivo, para estas guerras también hay que ser comandante en jefe.

Politóloga*
miriamhd4@yahoo.com

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