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Miércoles , 20.06.2018 / 06:43 Hoy

Columna de Miriam Hinojosa Dieck

Es de todos

Miriam Hinojosa Dieck

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Patrimonio, de acuerdo a la Real Academia Española, tiene, entre otras definiciones, la de la “Hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes”. Pero, ¿qué pasa cuando ese alguien somos muchos y esos ascendientes son también numerosos? La respuesta es una suma de voluntades que planea desembocar en una gran fiesta en el más amplio, más puro y más generoso sentido del término.

Al grito de “Vivamos lo nuestro”, el día de ayer se lanzó públicamente —y me cuido bien de no decir oficialmente, ya que hay una clara voluntad de despojar este asunto de todo tinte político— el Día del Patrimonio de Nuevo León. Con más de una treintena de instituciones públicas y privadas a bordo del barco —y felices de estarlo—, zarpamos hacia el 9 de marzo con la idea de regalarles a las familias de nuestro estado y a los entusiastas o despistados que decidan visitarlo ese día, una jornada que cabe bien en el concepto de “puertas abiertas”.

La idea es que esto se convierta en una ocasión de regocijo al estilo de los entrañables momentos de nuestra infancia en los que la abuela se decidía a abrir el cofre de los recuerdos y mostrarnos los increíbles tesoros que tenía guardados y que la cotidianeidad nos hacía olvidar. Cartas, libros, mapas, cuadros, esculturas, todo aquello que nos ha dado forma en tanto que comunidad y que el diario ir y venir convierte en paisaje y el tiempo en trivialidad, pero que adquiere un nuevo estatus cuando lo hacemos consciente, lo aquilatamos, lo presumimos, es decir, lo vivimos.

Se trata de que, con anticipación y agenda en mano, las familias decidan cuál habrá de ser su recorrido el segundo domingo de marzo para aprovechar al máximo la ocasión de entrar en aquel edificio que normalmente no está abierto al público, visitar ese museo para el que nunca ha habido tiempo o dinero, darse la ocasión de averiguar qué resguarda algún archivo histórico o presenciar un espectáculo.

Será la oportunidad ideal para que los papás cuenten a los niños lo que sienten de volver a un monumento histórico al que sus propios padres los llevaron alguna vez; pero será también el momento para que los niños ejerzan esa habilidad que se les da tan bien de mover a sus padres a realizar visitas a las que nunca habían accedido o que ni siquiera se habían propuesto.

Porque la gran ventaja que tiene el celebrar lo nuestro es que mientas más abrevamos en ello para afirmar nuestro orgullo, más universal lo volvemos; porque el patrimonio es una riqueza que, al compartirse, se multiplica.

Y aquí viene quizás el dato más relevante de esta buenísima noticia con la que ayer se despertó Nuevo León, y es que a los ya de por sí numerosos activos que tiene el estado hay que agregarle una prueba más de que su capital más importante es su gente, la foto del recuerdo en la que los líderes de las instituciones adherentes a este proyecto posan al pie de la escalinata del Museo del Obispado habla elocuentemente: Unidos y trabajando por una misma causa nada nos detiene.

Espero sinceramente que este esfuerzo colaborativo sea la inauguración de una era que explote las incontables sinergias que se pueden dar en un estado que ha sabido dar fortaleza a las instituciones que, a cambio, le han brindado renombre internacional.

Politóloga

mhinojosa@udem.edu.mx

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