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Sábado , 18.08.2018 / 06:13 Hoy

Columna de Miriam Hinojosa Dieck

En el limbo

Miriam Hinojosa Dieck

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Francisco es Papa y no lo es. Para elegirlo se siguió el procedimiento que dicta el derecho canónico, pero hay una suerte de falla de origen en su mandato y tiene que ver con que su liderazgo no surge del paso de su predecesor a una mejor vida, sino de un muy poco común caso de abdicación.

Pero éste es quizá el menos visible de los elementos que siembran la dicotomía en el mandato de Bergoglio. Lo más intenso radica en su espontaneidad para expresarse sobre ciertos asuntos delicados en boca de un jerarca de la Iglesia de Roma, o de cualquier jefe de Estado. El papa Francisco habla primero desde el corazón y luego hace declaraciones oficiales como buscando componer esta suerte de pensamientos en voz alta que nos transmite.

La visita de Su Santidad a México no ha estado ajena a esta dicotomía. Recordemos que de primera instancia se decidió no incluir a nuestro país en la gira papal por Latinoamérica; para, al poco tiempo, enmendar el asunto anunciando una visita ex profeso (que sin embargo incluirá una primera parada en Cuba).

El equipo del argentino decidió que sí acudiera a la nación a la que no hace mucho, en una misiva a un amigo diputado argentino, etiquetó como referente en lo que a violencia se refiere instando al legislador a cuidar que no se le "mexicanizara" el país, porque sus compañeros obispos de aquí le habían externado que esto era un horror.

Las expectativas que ha despertado la gira papal están también embebidas en la dualidad. Por un lado, lo que se espera es una visita de Estado cuidando todas las formalidades que ello involucra; pero lo que se anhela es la visita del seguidor del "mínimo y dulce Francisco de Asís". De alguna suerte queremos sembrar los imprevistos, buscamos apelar a esta espontaneidad del Papa que tal vez luego su círculo íntimo lamenta. Se juega con la posibilidad de que de último momento se decida a recibir a los padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, nos aprestamos a leer entre líneas en cada uno de sus discursos críticas al desempeño de EPN o, ya de perdido, a su matrimonio. Porque lo nuestro, lo nuestro, lo nuestro, no es ni el cielo ni el infierno, sino ese limbo del imprevisto. Y parece que al Papa eso le va bien.

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