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Miércoles , 18.07.2018 / 00:12 Hoy

Columna de Miriam Hinojosa Dieck

El medita- "Corruptour"

Miriam Hinojosa Dieck

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La idea del Corruptour tiene un antecedente muy antiguo, no sé si conocido para el movimiento Vía Ciudadana. En la actualidad es común, políticamente correcto y promovido desde las esferas oficiales y extraoficiales el que las cumbres internacionales de las Naciones Unidas tengan una versión paralela en donde los organismos no gubernamentales comprometidos con el asunto que se va a discutir intercambian puntos de vista e incluso llegan a una declaración conjunta que ponen también a disposición de los jefes de estado y de Gobierno.

Esa práctica surgió de forma espontánea en 1972 con motivo de la primera cumbre de Naciones Unidas sobre medio ambiente que tuvo lugar en Estocolmo. Allí coincidieron científicos, activistas y hasta hippies interesados en saber cómo los líderes gubernamentales reaccionarían al grito de alarma que el primer informe al Club de Roma había lanzado en el sentido del peligro que corría el planeta si no se tomaban medidas urgentes para detener el daño al medio ambiente.

El momento también fue propicio para diversas manifestaciones que buscaron atraer la atención del público en general respecto a lo que estaba ocurriendo, al tiempo que intentaron sensibilizar (con cierto nivel de éxito, dicho sea de paso) a quienes participaban en la cumbre oficial. Junto con desfiles en los que la Madre Tierra, personificada por una chica con vientre de embarazada, era seguida por quienes buscaban protegerla, se disfrazó a un autobús como ballena y se le hizo circular por las apretadas calles de la capital sueca a fin de ilustrar los aprietos que atravesaba la especie para cuya matanza por primera vez se solicitó una veda. Entre este despliegue de creatividad de las ONG, estuvo también el bisabuelo del Corruptour, consistente en lo que ellos llamaron una “visita a los barrios de pesadilla de Estocolmo” con la que se buscaba evidenciar que no todo era prosperidad en este país nórdico.

Cuatro décadas después Vía Ciudadana toma este camino e invita a no olvidar el desvío de recursos, el gasto desmedido e irracional del gobierno, pero, sobre todo, la impunidad que rodea a estos actos. Creo que el esfuerzo es loable pero se inscribe, claramente, en lo que está en las posibilidades y perfil de quien lo organiza. No será la solución, sino una apuesta a que la búsqueda de alternativas no se ahogue en la desmemoria. Tomar el autobús, hacer el recorrido y bajar de él diciendo cada quien su “qué barbaridad” (Quino dixit) no sirve de nada. Es más, podría volvernos víctimas de una sensación de haber puesto nuestro granito de arena sin que en realidad hayamos hecho otra cosa que participar en una ocurrente forma de llamar la atención. Toca ahora a otras instancias, de forma muy significativa a las instituciones educativas, trabajar en el sentido de erradicar estas prácticas y encontrar rutas para que los pesos y contrapesos entre los poderes de verdad operen en el sentido de desincentivar el abuso en todas sus versiones, por supuesto incluyendo la que implica servirse del dinero público como si fuese propio.

Tal vez una buena medida sea organizar también un Corruptour hacia nuestro interior: cerremos los ojos y recorramos nuestra vida. Pensemos en los trabajos que hemos tenido, la forma en la que nos hacemos de recursos, la relación que mantenemos con nuestros amigos y familia. ¿Cuántos puntos de interés (hitos de corrupción) se pueden marcar en nuestra visita? Quizá la mejor forma de poder empezar a lanzar piedras a los políticos corruptos sea librarnos de toda culpa.

Politóloga*

mhinojosa@udem.edu.mx

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