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Jueves , 21.06.2018 / 14:15 Hoy

Columna de Miriam Hinojosa Dieck

Aquel noviembre… el de 1989

Miriam Hinojosa Dieck

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Por alguna razón nos gusta conmemorar en años redondos. Por eso no es de extrañar que los ojos se vuelvan para mirar, con el redimensionamiento que solo el paso del tiempo permite, a la Revolución Bolchevique en su centenario.

Permítanme, sin embargo, desentonar. Es otro aniversario el que me trabaja. Porque es el que verdaderamente marcó a mi generación, el que la definió al aglutinarla en torno a un referente. Ya estaba yo en la universidad y me mantenía en un izquierdismo trasnochado que daba por válida y valiosa la existencia del ominoso muro de Berlín. “Es una frontera como cualquiera otra”, le espeté al primer maestro que osó confrontarnos a la insensatez de la pared aquella levantada sin más razón que repartir un botín de guerra entre aliados que no quisieron serlo más.

Pequeña Crónica de Grandes Días tituló Octavio Paz al opúsculo en el que sintetizaba la sorpresa con la que nos convertimos en testigos de un inesperado cambio en el (des) equilibrio geopolítico que estuvo embebido en aires de esperanza, libertad y democracia simbolizados en el resquebrajamiento de la plana edificación que ofició como cicatriz en pleno corazón de Europa.

Fue aquel nuestro bautizo en el dogma de que todo puede transformarse y de que el futuro o se escribía en clave democrática o no se narraría más. Supimos que aquellos regímenes a los que ensalzábamos, habían cometido errores graves. Que las políticas públicas no son sino simples dictados si no se construyen desde abajo, privilegiando la agenda ciudadana.

Los jóvenes de todo el mundo acompañamos desde el corazón a nuestros coetáneos berlineses cuando, trepados en esa barda, extendían sus brazos anhelantes al mundo que se les había vedado. Quizá hoy sea el momento para que, convertidos en cuarentones, renovemos ese abrazo a la libertad y abjuremos de los cantos de sirena de la intolerancia, que tan tentadores se escuchan desde el mullido sillón del conformismo en el que nos hemos hundido.

miriamhd4@yahoo.com

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