• Regístrate
Estás leyendo: Ya pasó. Ahora, a ponerse las pilas
Comparte esta noticia
Sábado , 26.05.2018 / 17:10 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Ya pasó. Ahora, a ponerse las pilas

Miguel Zárate Hernández

Publicidad
Publicidad

Como en las películas de terror, la pesadilla se convirtió en realidad. Parece que, de pronto, vuelve a cobrar vigencia un autor extranjero, Alan Riding, que allá por los ochentas describió como nadie a nuestro país visto por foráneos en su libro “Vecinos Distantes”, y decía algo que parecía olvidado: “probablemente en ningún lugar del mundo vivan, lado a lado, dos países tan diferentes… probablemente en ningún lugar del mundo dos vecinos se entiendan tan poco”. Ahora que la realidad suple a toda suposición, sería por ello bueno analizar las nuevas perspectivas que afloran ante una situación nada diferente a lo esperado.

En efecto, el nuevo gobierno de Estados Unidos ha comenzado y, de entrada, su presidente marcó en su discurso inaugural la línea que nos interesa: “Todas las decisiones sobre comercio, impuestos, inmigración y asuntos exteriores se harán en beneficio de los trabajadores estadunidenses y de las familias estadunidenses. Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, robando nuestras empresas y destruyendo nuestros trabajos”. ¡Así de contundente, así de sencillo! Y por qué nos extraña si eso mismo es lo que quisiéramos escuchar de nuestro presidente.

Veamos, sin embargo, que dicha línea proteccionista, nada exenta de la consiguiente carga contra “esos” países que les han “robado” empresas, lo cual es mensaje directo a México, no augura nada bueno para la pretendida “revisión” del Tratado de Libre Comercio. La verdad volveríamos a pecar de ingenuos si no advertimos ya que el señor Trump no pretende negociar –lo que implica obtener, dar algo a cambio, etcétera-, sino simplemente reafirmar su posición con una pistola cargada sobre la mesa. No se atreverán, hay que asegurarlo, las autoridades mexicanas “negociadoras” a rebatir lo irrebatible aunque, la verdad, al vecino país nadie le ha robado nada, simplemente las condiciones de competencia, al menos en aspectos como el laboral, le han favorecido ampliamente a los mexicanos.

Los empresarios estadounidenses no vienen a invertir en nuestro país por su gusto por el guacamole, sino por las ventajas que conlleva una mano de obra competitiva en calidad y costo para sus procesos de producción. Donald Trump en realidad se las verá más que difícil cuando rompa esas cadenas de producción que entrelazan a los dos países en manufacturas fundamentales como la automotriz. Los problemas de desempleo en la Unión Americana no se acabarán así, menos con el anuncio de que la burocracia norteamericana será adelgazada drásticamente para poder abatir el déficit que sus medidas de incentivos fiscales anunciados ocasionarán al presupuesto de su gobierno. Además, de paso, “castigará” así al casi 90 por ciento de washingtonianos que votaron en su contra.

Pero si el señor Trump acaba con su economía o la hace “otra vez grande”, es su derecho y responsabilidad. Es su bronca. Lo que debe preocuparnos a los mexicanos es qué vamos a hacer ante los problemas que ya tenemos más los que se avecinan. La carencia de un auténtico liderazgo nacional en nuestro país dado el derrumbe anticipado de la administración peñista, conlleva la necesidad de que los sectores sociales asuman, y pronto, responsabilidades, compromisos y enderecen acciones. Lo cierto es que, pese a tanta advertencia, poco se ha movido en este sentido, salvo timoratas expresiones y muy escasa firmeza ante los amagos. Sin embargo, asoman voces que hablan fuerte y hablan alto, posiciones que ya eran necesarias como la del jalisciense Manuel Herrera Vega que sin duda repetirá otro año al frente de la Concamin, en torno a los retos que esperan, a la necesidad de recobrar la credibilidad institucional que ha hecho crisis, a decir las cosas sin tapujos y exigir al mismo presidente acabar con la corrupción y la impunidad, a seguir unidos sin bajar la guardia.

Y es que no podemos continuar viendo TODO nuestro futuro en manos ajenas. Trump construirá su muro, cientos de veces más grande que el de Berlín, y mejor será que lo financie con los miles de millones de dólares que consumen sus ciudadanos en drogas. Es hora que el gran empresario no se da cuenta que la oferta termina cuando desaparece la demanda. Y por cierto, cientos de berlineses, en un acto que hay que agradecer, el día de la toma de posesión de Trump, colocaron sobre un pedazo del muro que los dividía, un mensaje: “construye puentes, no muros”. A fin de cuentas, un muro es igual para no entrar que para no salir, NO queremos sus miles de armas que cruzan para este lado del muro. Quizá a nosotros también nos enseñe a dejar capitales en nuestro país, a crear más empleos con recursos propios, a recomponer todas nuestras corroídas estructuras, a resolver los graves temas de inseguridad que ya llegan hasta las escuelas –en Jalisco en un día se rebasan hasta más de una docena los asesinatos-, a capturar y castigar a los saqueadores, a exigir que las grandes empresas paguen sus impuestos, a impedir que la “clase” política nos siga usufructuando y despojando. A trabajar, a ponernos las pilas.

A fin de cuentas, América no es solamente Estados Unidos y tampoco es la única nación bendecida por Dios. Por fortuna hay muchos más millones de estadounidenses que piensan, como nosotros, que es mejor no ser los “vecinos distantes” de Riding, sino los amigos del vecindario que podemos hacer más cosas juntos, así nos separe un muro.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.