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Miércoles , 18.07.2018 / 23:38 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

¿Y dónde está el gobierno?

Miguel Zárate Hernández

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Peor que el más devastador de los ciclones, el movimiento de la CNTE no está nada distante de ocasionar un verdadero desastre económico y social al sureste del país, provocando en forma paralela estragos cada vez mayores, cada vez más extensivos y cercanos a otros puntos, incluido naturalmente Jalisco. Que se recuerde, ningún acto ni movimiento de presión que haya sufrido gobierno alguno en México ha tenido tan desafortunados resultados principalmente en el orden de la economía regional y nacional. Entonces, la pregunta sigue siendo la misma: ¿y dónde está el gobierno?

Para empezar, lo que ahora vemos de la CNTE no es lo que en tiempos de su fundación, allá por 1980, realmente significaba. En un principio muchos veían incluso con simpatía ese movimiento que se levantaba en contra del cacicazgo que ejercía Carlos Jonguitud Barrios, líder y dueño del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), hombre favorecido por sexenios con el beneplácito de mandatario tras mandatario al grado de llegar hasta ocupar la titularidad del ISSSTE y escaños en el Senado. Así, fue Carlos Salinas de Gortari el que pudo cortar la racha de hegemonía absoluta pretextando precisamente la inconformidad del magisterio disidente aunque sólo fue para cambiar de manos el cetro nada menos que a Elba Esther Gordillo.

Los de la CNTE se mantuvieron y fueron logrando tomar control de las secciones magisteriales de Oaxaca y otras entidades aunque, por otro lado, también empezaron a asumir una estructura férrea que trastocó reclamos justos por otros ya no tanto. Sus liderazgos se convirtieron en fuerza que avasalló a dóciles gobiernos estatales que querían llevar la fiesta en paz pero a cambio de entregar canonjías y privilegios increíbles, tan inverosímiles como hacer a la CNTE dueña de las plazas que se convirtieron hasta en hereditarias, los nombramientos automáticos y el manejo discrecional de todo el sector al apropiarse, como pasó en Oaxaca, del aparato burocrático oficial de la educación.

A nada de esto, y muchas concesiones más que le fueron otorgadas, renunciará la CNTE. No hay duda que quizá algunas de las demandas que presentan pudieran ser motivo de análisis y hasta de revisión. Está visto que la “reforma educativa” no debe ser la perfección ya que hay rubros, enteramente referidos a calidad de la docencia y modelos educativos a seguir, que han sido cuestionados por expertos y, por lo tanto, valdría la pena considerar si, al margen de lo que sucede, cabe en su momento hacer correcciones al instrumento. Lo mismo, parece haber una línea entre las exigencias descabelladas de la CNTE y lo que bien pudieran constituir reclamos con cierto fondo de razón, como en el orden laboral, por ejemplo, tratándose de las evaluaciones que parecen ser el fondo de sus problemas.

Pero el daño a su tierra y a todo el país es grave y ya está hecho. La CNTE no es una organización para minimizar. Se trata, estimativamente, de unos cien mil integrantes, lo cual constituye una presión muy importante para el gobierno, quien ha tomado según se ve un camino un tanto plácido y de desenfado ante una situación que, hay que decirlo en sus palabras, simplemente se le ha ido totalmente de las manos. Ni el cambio de titular de la SEP ni el paso de bolita al titular de Gobernación, han servido mayor cosa ya que, por visto se da, el mal manejo de origen viene desde Los Pinos. La verdad, las últimas declaraciones de Miguel Ángel Osorio están para dar lástima o coraje, al ver la forma en que el gobierno en vez de encontrar soluciones reales y firmes, opta por refugiarse en un “diálogo” a todas luces ineficaz cuando no inexistente. Para muchos, simplemente el gobierno está acorralado, claudicado, yo diría que se encuentra de rodillas.

Y mientras, algunos calculan que el ciclón “CNTE” ha arrasado, con sus paros, bloqueos, manifestaciones, vandalismos, secuestro de vehículos, afectaciones al transporte de mercancías y abasto y mucho más, la economía de los mexicanos. Se habla ya de perjuicios en el orden de los 10 mil millones de pesos y ya se espera una ola de reclamos a las aseguradoras. De ahí ahora la inconformidad del sector privado, que sin ser el único damnificado por este huracán, sí está en posibilidad de enfrentar al gobierno y exigirle que ponga la ley por delante, que tenga la inteligencia suficiente para no azuzar violencia pero con la energía suficiente para devolver la paz y el orden en tan amplias zonas del país que sufren desde hace meses el impacto de tanto daño causado mientras en Los Pinos y o en Bucareli simplemente se atrincheran en vallas metálicas o lo que es peor con vallas mentales.

A nivel nacional Manuel Herrera Vega de la Concamin, Gustavo de Hoyos de la Coparmex, Enrique Solana de la Concanaco, encabezan acciones que pretenden poner un hasta aquí a los desmanes y a la inmovilidad del gobierno para frenarlos. Y Jalisco, que ya ve encima los problemas que también afectan localmente, ya se está haciendo presente en franca solidaridad con la postura de los organismos cúpula del país, especialmente a través de Daniel Curiel, coordinador de los industriales jaliscienses. Y acudirán, como lo están haciendo, a los recursos legales al alcance, incluso el amparo contra la pasividad de un gobierno que no ha hecho valer el principio de cumplir y hacer cumplir la ley. Pero volteamos una y otra vez a cada lado, alzamos los ojos al cielo, nos tomamos con las manos la cabeza y nos seguimos preguntando: ¿y dónde está el gobierno?

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12

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