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Lunes , 22.10.2018 / 16:18 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Un estado de derecho… o casi

Miguel Zárate Hernández

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Cuando los legos escuchamos a políticos y demás comparsas la frase de que por encima de todo está el “estado de derecho”, imaginamos que naturalmente se atiende a la ley “por encima de todo”. Pero cuando advertimos la triste realidad es otra cosa. Y hay muchos ejemplos de ello a nivel nacional e incluso local. Casi con estupor vemos la forma en que, un tanto respetando la eventual sinceridad de sus motivos o al menos de sus razones particulares o el pretexto que dicen que los mueve, los “maestros” de la CNTE ponen barricadas en carreteras vitales, realizan marchas desquiciantes en la Ciudad de México y ellos, o sus “seguidores” y aprontados oportunistas, atracan tiendas, bloquean negocios, cometen atropellos a las personas, se mofan de la autoridad y vandalizan oficinas o lo que encuentran al paso.

Por momentos creíamos que se haría prevalecer -con cerebro, no solo macanas claro- el famoso “estado de derecho”, dada la magnitud de daños, perjuicios incalculables no a ciudades ni solo a estados sino a regiones completas del país. Y ante la gravedad de los problemas, la presión internacional -la única que parece importar al Presidente de la República, además de una que otra del sector privado-, lo llevó a cambiar postura y “privilegiar” el diálogo. Quizá dé resultado, quizá. Ojalá. Lo que sí queda es la impresión de que hay debilidades e incapacidades gubernamentales con devastadoras consecuencias para millones de mexicanos, incongruencia y hasta ineptitud para resolver los problemas.

Sin embargo, en su mente no hay nada que afecte más al gobierno federal que el perjuicio a su “imagen” en otras latitudes y países. Del mundo aquel un tanto irreal al visitar las cortes europeas, la pompa de la realeza y las excelsitudes que tanto disfruta y goza la actual “pareja presidencial”, lógico que pasar a un México caótico y desordenado hay demasiadas diferencias. Si se agregan los acostumbrados señalamientos por la inseguridad y la subsistente hegemonía del narcotráfico y el crimen organizado, pues la verdad no se sabe a qué pueda asirse tal “imagen” que preocupa al Mandatario y a su gobierno.

Ya gran parte de la población envió su mensaje en las elecciones de junio y ello hace pensar en las dificultades para que el partido en el poder mantenga en pie su continuidad, sobre todo cuando empiezan a notarse graves grietas internas como la salida de Manlio Fabio Beltrones y su ahora sustitución marcada por el clásico “dedazo” que cada vez más los propios priistas están rechazando. No obstante, en el fondo los verdaderos problemas se darán al hacerse el balance de lo sucedido a lo largo del sexenio. Y es que si se observa el cúmulo de tropelías que hasta de salida cometen gobernadores perdedores y el criterio de “estado de derecho” en muchas partes del país, la verdad es que nos explicamos el entusiasmo de otras fuerzas políticas para darle nuevo giro y alternancia a la nación.

Hubo en Jalisco hace ya varios sexenios, un gobernante que dejó huella en su generación, precisamente por su obsesión en torno al imperio de la ley. Cuentan que de entrada se topó con un estado arrasado por el crimen, el secuestro de personajes, luchas guerrilleras y el surgimiento ya entonces de lo que con el tiempo serían grandes cárteles. Por ello él se decidió, ante todo, por buscar la “paz social” como una causa y razón de su gobierno.

Ejemplo de esa determinación fue una campaña de despistolización total en el estado -que apenas siendo un niño, tengo muy presente- y no solamente esto sino que, a la vez, no tenía complacencias con nadie y podía poner tras las rejas a políticos, grupos de presión -especialmente de la derecha-, a dirigentes estudiantiles que se sentían intocables, a delincuentes de “cuello blanco” y, aunque no había contralorías simuladoras como las de ahora, también sometió a proceso a algunos de sus propios funcionarios. De paso acabó con la “zona roja” tapatía, metió al orden y desafió al pulpo camionero y a su mismo líder cetemista, en una política de “cero tolerancia”, pero genuina. Quizá tuvo sus rasgos controvertidos, según nos dicen, pero quienes lo tienen en mente recuerdan que el recién desaparecido Flavio Romero de Velasco en verdad sabía lo que es y debe ser el “estado de derecho”.

En nuestra realidad, no hay que negarlo, se han buscado medios para abatir no solamente el delito como tal sino acciones que despiertan optimismo como la de luchar con la otra gran sombra que se cierne sobre los mexicanos, la de la corrupción. Sería bueno empezar con el ejemplo, esclarecer los casos de los altos funcionarios de gobierno, el compromiso genuino con la transparencia de las cúpulas empresariales y así podríamos seguir recorriendo estado por estado citando ejemplos de toda índole y tamaño, la contratación de servicios, el uso de seudo consultores y la obra pública son parte de ello, los debates están a la orden del día y hay que reconocer que al menos en este campo, Jalisco no se está quedando atrás, ya que por lo menos trata. Hace tiempo no se veía una Legislatura inquieta por las reformas importantes, entre ellas la cancelación del “fuero” ante delitos del fuero común o la búsqueda de la mayor transparencia. También se dan muestras de que, aun con un trasfondo de disparidades políticas, hay entendimientos entre gobiernos para hacer preservar la ley.

Si vemos hacia el exterior, nos damos cuenta lo mucho que falta para rescatar nuestra dignidad de país en todos los órdenes. Lo que sucede en otros estados nos debe preocupar ya que no puede ser ni es ajeno. Queda claro: no debemos conformarnos con un “casi” estado de derecho, mucho menos a medias. Esto está en mente de todos los mexicanos, sobre todo para exigirlo en su debido momento.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12

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