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Sábado , 26.05.2018 / 20:48 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Planes Parciales, ¿al fin?

Miguel Zárate Hernández

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Parafraseando un dicho, no hay peor plan parcial que el que no se tiene. La verdad es que son años, muchos años los que esta plataforma fundamental de ordenamiento ha venido siendo postergada y, por lo tanto, manipulada, medio inventada y, sobre todo, acomodada de acuerdo a los intereses de cada quien. Esto, desde luego, les conviene a algunos, a los que mientras menos regulaciones existan, mejor, mientras más rendijas encuentren para abusar y hacer negocios sin limitaciones, súper soberbio. Por algo el tema ha demorado trienios completos, a lo menos unos cuatro, sin variante significativa, sin llegar a una estructura reglamentaria completa y efectiva. Desde luego que se trata de una acción perfectible pero dejar sin actualizar estos planes, al menos con una perspectiva y de acuerdo a necesidades apremiantes, es continuar permitiendo una compleja red de corruptelas en las que se han involucrado varios pseudo empresarios con algunos políticos influyentes aderezados de “consultores profesionales” en temas legales urbanos, además de la presencia no pocas veces sospechosa de organismos oficiales como el Tribunal Administrativo del Estado –TAE-, para usufructuar los vacíos legales y continuar con la consecución de sus fines altamente lucrativos. En perjuicio de la ciudad, claro. Sin embargo, tal parece que luego de tantos intentos fallidos, se está concluyendo el esfuerzo en una parte importante. En esta ocasión –y esperamos que así continúe-, siguiendo puntualmente los tiempos y pasos que la ley señala, parece tomaron en cuenta las observaciones ciudadanas y los resultados de los distintos foros efectuados. Este trabajo no parte de cero pues se toma el trabajo realizado por administraciones pasadas, propuestas de organismos ciudadanos, profesionales, empresariales y académicos. Así que los planes que se expusieron a consulta y que terminó apenas el mes pasado, tiene como meta, pues, dar puntual contestación a las observaciones, sugerencias o peticiones que resultaron de la observación y estudio de los vecinos, ciudadanos y profesionales en el tema que se canalizaron a través de los mecanismos legalmente establecidos. Y no se trata de algo sencillo llegar a conclusiones. De hecho, como ha sucedido en temas de carácter técnico como el de la presa Zapotillo, no faltan los intentos de politizar y descalificar el trabajo realizado, además de que la presencia de demasiados expertos acaba por provocar no pocas confusiones. En esta clase de investigaciones y consultas es difícil llegar a consensos pues los resultados se pueden mal interpretar de distintas formas, y algunos de los principales opinadores constituyen una especie de “círculo rojo” en el que impera la desconfianza entre unos y otros. De ahí que valga la pena hacer mención de quienes han intervenido con el ánimo y la decisión de obtener un resultado satisfactorio, como es el caso del director de Ordenamiento Territorial del Ayuntamiento tapatío, Erick González Santos, un técnico que fue específicamente procurado para esta encomienda. Quien toma el equipo humano existente del municipio, el trabajo previo de administraciones pasadas y las peticiones sociales de muchos años para reflejar en los planes una visión uniforme -pues se logra al no haber contratado consultores diferentes para la elaboración de las distintas zonas de la ciudad-, contemplando tener mixtura, verticalidad y redensificación ordenadas. Posteriormente resultará fundamental que los demás municipios de la zona conurbada hagan la tarea en iguales términos, es decir misma metodología y lenguaje. Esto es clave, sobre todo si se pretende alcanzar un desarrollo urbano lo más homogéneo posible. Empero, esto no implica desconocer que las características entre dichos municipios sean bastante diferentes. Un diagnóstico se advierte fácil de entender cuando Guadalajara tiene más del 90 por ciento de su superficie urbanizada, mientras que las áreas de Zapopan están a la quinta parte de su territorio. Tlaquepaque tiene aproximadamente el 70 por ciento en área urbana, Tonalá alrededor del 45 por ciento y Tlajomulco, como sucede en Zapopan, por la vastedad de su superficie, incluso menos del 20 por ciento. Y aun así, nada que ver con El Salto, Juanacatlán, Ixtlahuacán y Zapotlanejo, que siguen siendo preponderantemente rurales. Son muchos los retos que deben enfrentar los próximos planes parciales, que si bien son perfectibles como todo sistema de planeación y más para una ciudad tan compleja como la nuestra, dan orden ante el rezago de la planeación de los últimos años, compaginan con lo establecido en el POTMet y se establecen normas generales para evitar la discrecionalidad. Pero los peligros y errores no dejan de ser preocupantes. Hay que dejar en claro todo lo referente a las edificaciones verticales –uno de los puntos cruciales y más polémicos-, entre lo que se encuentran cuestiones como las alturas marcadas para el centro histórico. Hay casos especiales como el entorno del Instituto Cabañas, inscrito en la lista del Patrimonio Mundial donde hay una obligación vinculante para los 3 niveles de gobierno y no se está tomando en cuenta, esto por citar sólo un ejemplo. En fin, todo indica que se ha avanzado sustancialmente en lo fundamental y que, tras muchos, demasiados años, será posible poner orden en el desarrollo urbano de la capital jalisciense. Ojalá que con ello se ponga fin a la discrecionalidad con la que se han manejado los planes anteriores y que exista una versión actualizada y congruente con la nueva agenda urbana. Y, sobre todo, que estos instrumentos se apliquen con riguroso apego a lo establecido y cierren para siempre el paso a los oportunistas que tanto provecho indebido han obtenido por la falta de su actualización. Al fin, planes parciales.

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