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Domingo , 21.10.2018 / 20:37 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Los días contados del Auditor

Miguel Zárate Hernández

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Alonso Godoy Pelayo está a punto de evitarse muchos problemas y, quizá no por su entera voluntad, ha anticipado que dejará al término de su actual ejercicio el puesto de Auditor Superior del Estado tras doce años recién cumplidos de una de las más polémicas y cuestionadas gestiones públicas de que se tenga memoria en la entidad. Vamos, a mis ojos parecería que después del valiente anuncio -o madrugador- de MC al no apoyar la posible ratificación del auditor, finalmente se avizora el fin de una auténtica pesadilla durante los gobiernos panistas y priistas que le han tocado a este funcionario. De seguro, claro, la presión ha sido máxima no solamente por los organismos empresariales y ciudadanos que le han deseado un pronto hasta aquí sino, a la vez, por el acuerdo un tanto oportunista de las fuerzas políticas que le darán el correspondiente tiro de gracia a tan controvertida etapa en la ASEJ.

La pregunta que se hace todo mundo es ¿y por qué hasta ahora? Y la respuesta es sencilla: simplemente el Auditor cubrió su oscurantista ciclo ante la esfera pública en la que seguramente gran cantidad de acuerdos se dieron para darle continuidad a cambio de ciertas legitimaciones en manejos del erario que, se supone, debería Godoy Pelayo revisar y poner las observaciones pertinentes ante los legisladores. Sin embargo, la verdad es que ha podido sobrevivir con todo y haber pasado por etapas en las que, sobre todo, fue incluso puesta en duda seriamente su honestidad.

Para muchos nunca fueron aclarados aquellos pagos de varios millones de pesos que le autorizó el Congreso estatal por concepto de “vacaciones no disfrutadas” y que el Auditor defendió ya que lo justificó hasta con un acuerdo de la Suprema Corte. O bien lo de los bonos, también sumamente cuantiosos que se le acreditaron pese a que ya había entrado en vigencia una prohibición de estas prebendas a funcionarios, a lo que respondió aduciendo que dicha normatividad no se le podía aplicar en forma “retroactiva”. Ni qué decir sobre los pagos, también millonarios a su suegro, los múltiples gastos excesivos de su administración y más recientemente hasta por el inmueble que actualmente ocupa la ASEJ.

Igual le daba a Godoy Pelayo que las voces ciudadanas y representantes de muchos organismos demandaran su cese ante lo que se consideraron más que evidencias de su pésima gestión. Por ejemplo, la Coparmex asumió un rol de liderazgo en esta batalla contra el funcionario y que data del periodo de Pablo Lemus Navarro -hoy alcalde zapopano-, quien llegó a decir con sus palabras “si existe pérdida de confianza en el responsable de revisar la aplicación de los recursos, la relación no puede continuar. Adiós al Auditor”. Y lo mismo haría en forma aguerrida su sucesor en el sindicato patronal, Óscar Benavides Reyes y el actual titular, José Medina Mora Icaza.

Sin embargo, y pese a los señalamientos, Godoy superó los peores escollos y fue nuevamente confirmado el 1 de enero de 2010, incluso con derecho a ser ratificado, luego, ¡por siete años más!, lo que por fortuna parece que no sucederá. Pero hubo entre los diputados que más salieron a la luz auténticos cómplices del Auditor -o por lo menos así se comportaron- para mantenerse y permanecer lo más posible en el cargo. Se recordará que a él se sumaron en su favor legisladores como Jorge Salinas, Juan Carlos Castellanos y Samuel Romero, del PAN, PRI y PRD, respectivamente, por mencionar algunos de los que definitivamente entraron en los arreglos políticos que, en contraparte, podían haber recibido una enorme lavandería de cuentas públicas.

Pero el Auditor no debería pasar por esto simplemente con el “ya me voy”. Su gran poderío significó actitudes con las fuerzas políticas que se asemejan mucho o al chantaje o a la componenda. Como resultado, se da el hecho que la Auditoría de Jalisco es la segunda más onerosa en gasto del país, solamente precedida por la de la Ciudad de México y el propio Godoy desde hace tiempo es el Auditor que más cobra en la nación, un salario aproximado de 186 mil pesos mensuales.

Lo preocupante, hay que decirlo, aun con su salida, es que el relevo podría nacer con el mismo vicio de origen si prevalecen, otra vez, los criterios e intereses políticos que han enturbiado no solamente a la ASEJ sino a otros organismos. Sería deseable hacerle caso al refrán que dice: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y seguirle con la revisión de otros casos para ser analizados, por ejemplo, el de quien se nombra “defensor” de los derechos humanos y que en casi una década y a pesar de los 300 reconocimientos públicos que presume, ha mostrado una paupérrima labor en esa tarea con una muy baja eficiencia en lo que debería defender. Sin embargo, también producto de los arreglos partidistas, ha sobrevivido con su nada despreciable sueldo de 148 mil pesos mensuales.

Se observa claro que estas tareas, fundamentales, trascendentales para la vida pública de Jalisco y para sus ciudadanos, solamente han sido entregadas a quienes solamente han tenido la “cualidad” de propiciar complacencias con los actores políticos y sus partidos. De ahí la importancia de que estas funciones adquieran mayor presencia ciudadana. Cierto, los días parecen estar contados para el Auditor. Ojalá también estén contados los días para la connivencia ilegítima y otras confabulaciones de la corrupción.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12

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