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Viernes , 20.07.2018 / 00:19 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

La sombra del proteccionismo

Miguel Zárate Hernández

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Si usted es de los que duermen tranquilos pensando que el gobierno electo de Donald Trump es tema de políticos y economistas pero que no hará realmente mella en la vida cotidiana de los mexicanos, podría tener un despertar de pesadilla. En el tráfago de los desatados días de compras y hasta de la anímica cercanía de las fechas navideñas, parecen irse diluyendo las preocupaciones por la ascensión al poder más importante del mundo del empresario que ha hecho de México el argumento fundamental de sus ataques ultraconservadores y proteccionistas.

Desde luego que no sorprende tanto que el gobierno federal siga intentando “calmar” inquietudes a base de “privilegiar el diálogo y el entendimiento” pero, hay que reconocerlo, de menos ya logró un consenso entre los gobernadores del país para hacer a un lado filiaciones y mostrar unidad ante lo que por ahora es difícil de pronosticar pero que, a no dudarlo, no pinta nada bueno. A la vuelta de año prácticamente se dará el cambio en la Unión Americana pero no se necesita llegar al 20 de enero para darse cuenta de lo que nos espera.

Vamos viendo cuáles son los principales impactos que vienen. En el orden económico, por sabido se da la vuelta a un proteccionismo que se creía superado. Aunque muchas de las peroratas de Trump -incluso tras la elección-, siguen siendo las de la misma campaña, la forma de festinar una supuesta modificación en los planes de la empresa Ford en México -que no resultó cierta ni exacta-, pone en claro que nada agrada más al magnate que justificar su política a costa de los mexicanos. Desde luego que, tras siglo y medio de luchas por el libre comercio, es quizá hasta absurda una regresión como la que pretende el presidente electo.

Sin embargo, México también ha tenido una larga historia proteccionista, misma que prevaleció hasta su aceptación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) con Miguel de la Madrid -antes impugnado fuertemente por la iniciativa privada en los tiempos de José López Portillo- y naturalmente de la firma del TLCAN en 1994. Los criterios proteccionistas no eran ni son diferentes hasta le fecha, lo cual es un concepto muy aprovechable en términos de popularidad, especialmente ante los resentimientos por el desempleo.

Habría que recordar que estos sentimientos que tanto explota Trump y que fueron factor innegable de su triunfo, son similares a los que alientan hasta encuentros bélicos. Empero, el proteccionismo como promesa de empleos nacionales encubre, por ejemplo, la concesión de privilegios a grupos económicos determinados, sindicatos o sectores políticos. Es decir, lo mismo que ha vivido México durante décadas en la simulación del gobierno. El caso es que, naturalmente, esta insignia económica, de aplicarse como planea Trump, sería un “boomerang”, un balazo en el pie para la economía norteamericana. Pero el daño a México, por supuesto, sería de proporciones insospechadas. De suyo en Lima ahora se están debatiendo estos temas por la APEC (Foro Económico Asia-Pacífico) ya que lo contradictorio del asunto es que si Trump liquida el tratado pretendido en la zona, terminará beneficiando a un país al que también ha declarado su rechazo: China.

Otra cuestión que “pone los pelos de punta” no se oculta en el abierto derechismo manifiesto de la nueva era de Trump. Por si hubiera duda de lo que pretende en política migratoria, nominó al senador de Alabama Jeff Sessions como su prospecto a Fiscal general, un duro antiinmigrante, rechazado en la época de Reagan por racista y férreo rival de quienes buscan igualitarismos sexuales, anti pena de muerte o defensores del aborto. Para él, se trata de “simples comunistas”. Ni qué decir del nominado a la CIA, Mike Pompeo, etiquetado en el ultraconservador Tea Party y hasta quien será asesor de Seguridad Nacional, el general retirado Michael Flynn, destacado anti-islamista. A ellos se agregó Steve Bannon, un ultraderechista reconocido, lo que da ya un perfil de un gobierno intolerante y en extremo conservador.

No hay día en el que Donald Trump no agregue un ingrediente preocupante. Lo peor es que esto ha estado provocando una especie de empoderamiento de grupos afines a estas políticas. Los del Ku-Klux-Klan, por ejemplo, están de plácemes y salen ya a la luz públicamente, mientras los de la poderosa asociación nacional del rifle (NRA por sus siglas en inglés), promotora y defensora desde hace nada menos que 144 años de la portación de toda clase de armas por particulares, celebran al máximo el éxito de Trump. Y no tardan en brillar otra vez los minute man, que solían “cazar” indocumentados en la frontera. Lo que se avizora, por lo tanto, es una época de enfrentamientos internos pero también de una sorda lucha que podría reavivar la discriminación y la xenofobia en el país vecino. Y los mexicanos serían objetivo predilecto.

Trump no solamente parece seguir en campaña sino que en realidad lo está, muchos en el gobierno mexicano aún se niegan a creer que cumplirá sus promesas que lo llevaron al triunfo, por supuesto que lo hará, él está planeando ya una reelección próxima. Así de grave están las cosas ya que el mal podría durar más de la cuenta, a lo menos ocho años. Por ello mejor será no estar tan confiados. No como para dormir tan tranquilos.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12

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