• Regístrate
Estás leyendo: Inseguridad y Poder
Comparte esta noticia

Columna de Miguel Zárate Hernández

Inseguridad y Poder

Miguel Zárate Hernández

Publicidad
Publicidad

Si alguna preocupación ciudadana movió parámetros y definió las tendencias electorales pasadas en los distintos niveles de gobierno, fue naturalmente la percepción de inseguridad. Además de hartazgos políticos, corrupción y lluvias de promesas, la cuestión fue la base para decidir. Lo sabemos todos. De ahí que no deja de ser inquietante que la nueva administración federal dé la impresión de andar, aún, dando tumbos en la materia y que el tema esencial sea la creación de una Guardia Nacional en la que se fijan todas las esperanzas pero que no deja de ser una gran apuesta de pronóstico reservado. Claro que por ello llama la atención que hayan surgido voces de protesta ante el hecho de que, sin aprobación previa por el Congreso, ya hasta se publicite la convocatoria -específicamente dirigida a jóvenes en busca de una “opción”-, para formar parte de esa nueva estructura policial y militar a la vez.

La controversia tiene su razón de ser, pero entraña más forma que fondo. Desde el Ejecutivo, el presidente de la república pasa por alto o más bien da por hecha la aprobación de la GN, sin siquiera el recato de advertir que es una especie de registro previo. Seguro de su mayoría legislativa -como sucede en otros rubros-, AMLO echa a andar la maquinaria sin siquiera parafrasear a los presidentes más absolutistas del país -Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, etc.-, que para todo decían “…si el Congreso así lo determina”. Desde luego que nadie tomaría a mal que se hicieran cosas con ánimo de adelantar tiempos, con esa salvedad previa. Pero no, en este régimen el poder se ejerce, y punto. No hay duda de quién manda, aunque sobra razón a quienes señalan que no es una cuestión menor la de constituir una Guardia cuyos resultados están muy pero muy por verse. Sólo de imaginar que se esté creando un aparato militarizado a base de novatos, no deja de despertar dudas.

Sin embargo, al mandatario le preocupa más que los “conservadores” le digan que hubo más homicidios dolosos en su primer mes que en el último de Peña Nieto. La simple comparación, el simple osar decir que todavía no hay pruebas del “cambio” anhelado en seguridad -y ni quién pueda esperarlo sensatamente en tan corto lapso-, motivó el recurso más socorrido del presidente: la descalificación, incluso señalamientos de “mentira” en los medios, dentro de un estilo ya muy parecido a las “fake news” de Donald Trump. Por ello, es mejor ver cómo andan realmente las cosas. Según cifras del INEGI, hacia mediados del año pasado, ocho de cada diez ciudadanos del país se sentían inseguros, y mucho más en puntos como Reynosa, donde la cifra era del cien por ciento. Otras ciudades sufrían menos, como Mérida o Saltillo, incluso Puerto Vallarta. No obstante, para fines del gobierno peñanietista, los porcentajes se elevaron todavía más gravemente. Si en algo hay que estar de acuerdo con el presidente es en que sólo la información puede acabar lo que él considera “manipulación”, que más bien sería “distorsión” ya que por anticipado da por hecho el gobernante que hay mala fe en su manejo. Y en esto sentimos que está una buena clave para partir en busca de soluciones más efectivas.

Por ejemplo, en Jalisco las cosas parecen estarse viendo con mayor realismo, aunque tampoco se deja de caer en la tentación de una oculta justificación ante los hechos consumados. Aquí el gobernador Enrique Alfaro tiene presentes los 2,566 homicidios cometidos en el estado durante el año pasado, si bien señala que “en su mayoría” son producto de las luchas entre el crimen organizado. Suponemos que así es, pero esto no resta responsabilidad alguna. Ver cómo “se matan entre ellos” nos llevaría a un estado de indefensión ciudadana ya que sabemos bien que, en su pugna, el hampa arrastra todo lo que encuentra al paso. Siete homicidios en promedio al día, son suficientes para que ya el equipo experimentado y bien conformado por Macedonio Tamez, Daniel Velasco y Gerardo Octavio Solís, empiece a apuntalar el plan a seguir. Todos ellos, dos civiles de excelente trayectoria y un militar retirado, tienen a la vista el reto: Jalisco ya no quiere crímenes por doquier, en lugares incluso públicos, restaurantes y hasta en las casas particulares.

Lo que sigue siendo una incógnita es la manera en que finalmente se coordinarán autoridades federales, estatales y municipales para abatir la inseguridad que va mucho más allá de una “percepción ciudadana”. Con la Federación habrá que ver, ya puesta en operación -legalmente, claro-, la citada Guardia Nacional y establezca los vínculos indispensables para realizar su tarea en el estado. Como dijo el gobernador Alfaro, lo que se pide son recursos, soberanía y castigo, cosa esta última en la que difiere de las políticas lopezobradoristas más inclinadas al “perdón” y a dejar pasar impunidades.

En cuanto a la coordinación interna, dentro del estado, no estaría mal no dar por muerta una idea que en principio asomaba interesante, la de la Agencia Metropolitana de Seguridad, en la que planes y visión se unificaban al menos entre nuestros municipios conurbados. Se le atribuyen en contra sus costos operativos, pero, a decir verdad, nació mocha en sus facultades además de pocos elementos y oportunidades se le dieron para cumplir sus fines. Por ahora, habrá que seguir confiando en que unos y otros harán mejor las cosas. Querían el poder, lo tienen. Ahora den seguridad y basta de excusas e improvisaciones.


miguel.zarateh@hotmail.com 

Twitter: @MiguelZarateH


Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.