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Martes , 18.09.2018 / 13:26 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

El caos nuestro de cada día

Miguel Zárate Hernández

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La nube de escepticismo que dejó el tercer mensaje de Enrique Peña Nieto, luego de sus no menos controvertidas designaciones en su gabinete, termina por hacer pensar lo poco que realmente valora la clase política la inteligencia ciudadana, de la misma forma que no está en sus prioridades una apropiada selección de quienes han de encabezar tareas públicas fundamentales. Se dirá que esto pasa en la escala nacional pero, la verdad, estas actitudes están más cerca de lo que imaginamos.

Todos lo vivimos a diario. El caos diario en la zona de la capital jalisciense parece ya cuestión a la que nos hemos habituando como si se tratara de un destino inexorable que, pese a las advertencias divinas, finalmente nos alcanzó. Pero no es así, el gran caos en gran medida no es otra cosa que los errores humanos y, para ser más específicos, los errores de los funcionarios que sin recato ni conciencia afloran su incapacidad para llevar adelante los programas de obra pública, ya no digamos decentemente, sino siquiera de manera planificada y ordenada.

Así que mientras Peña Nieto esbozaba allá en palacio Nacional su nuevo "decálogo" para salvar de nueva cuenta al país, en la zona metropolitana de Guadalajara no había quien salvara a millares de conductores de una de las peores crisis de movilidad urbana de que se tenga memoria. Y esto no necesariamente tiene su origen en las autoridades viales que, aunque sabemos no son de lo mejorcito precisamente, lo cierto es que ahora sí que no se dan abasto para tanta falta de coordinación en todos los frentes de obra por tantos rumbos de la ciudad.

Sin embargo, seguramente en este aspecto hay quienes son merecedores al "campeonato" estatal de la insensatez y el desorden. Cada quien podrá hacer sus apuestas, pero esta vez creo que son mayoría los que consideran que el alcalde que se gana tal mote es Héctor Robles Peiro, quien tiene desde hace muchos meses a los habitantes de todo el municipio y en especial al sur de la Metrópoli cada vez más al borde de un ataque de nervios. Y luego asombrados se preguntan por qué pierden las elecciones.

Vamos, ni toda la obra de la tercera línea del tren eléctrico, quizá sumaría tantos improperios que se quedan en la privacidad de los autos y camiones -cosa que comento con certeza pues a diario lo observo, practico y sufro-, lanzados en contra de Hector Robles, su ineficaz director de obras públicas, José Carmelo Muñoz Fernández, y demás autoridades por la falta de terminación de los carriles laterales de la avenida López Mateos, más lo que falta, pues esta obra solo refleja la falta de capacidad técnica, desdén y menosprecio hacia sus gobernados tratando de justificarlo con pretextos que verdaderamente cuando los escuchas no sabes si reír o llorar de tan absurdos. Hay que entender que todos los moradores de esa zona, más los de Tlajomulco que van y vienen por esa vía, más todo el tráfico de las carreteras a la costa sur y Manzanillo, además de los que a diario hacen tremendas filas en el periférico a la altura de Santa Esther (fiuh, apenas resuelto), etcétera, ya han padecido mucho y no ven la hora de que Robles Peiro se vaya a su casa o a donde sea y se lleve todo este desaguisado consigo.

Pero, hay que decirlo, no es el único. Además de todo lo acontecido por la obra del tren –que insistimos, en gran medida ha ocasionado problemas a la población aledaña por falta de planeación y de comunicación ciudadana-, quizá la preocupación que despierta ha tomado un giro que quizá algunos cuantos temían, pero que puede ser real. Se trata de las vibraciones que puede causar este transporte en los edificios de más alto valor patrimonial en el centro de la capital jalisciense. Cierto que sobre el particular se han querido dar muchas explicaciones "tranquilizadoras" pero el fantasma que en otros tiempos apareció cuando, por ejemplo, se construyó el túnel de Hidalgo que pasa precisamente por un costado de Catedral, ahora resucita con el tema del túnel del tren.

Al menos tras la renovación del Consejo Ciudadano Metropolitano, cuya presidencia dejó Alfonso Gómez Contreras y que en su lugar queda al frente Federico González Martinez -a quienes felicito y motivo a seguir en la lucha- se están tomando muy en serio las cuestiones anteriores. Otro tema al que no hay que perderle la pista es el próximo cambio en la Procuraduría de Desarrollo Urbano, que lo ideal sería que se efectuara una elección adecuada. Lo preocupante es que esta designación corresponde nada menos que al Congreso del Estado, que está claramente más orientado a tomar determinaciones mediante acuerdos partidistas que por calificación profesional y otros valores.

Se dirá que al paso de unas semanas todo cambiará en los ayuntamientos metropolitanos, pero es aquí donde los nuevos alcaldes habrán de dar las primeras demostraciones de sus intenciones. A estas alturas quizá muchas decisiones de funcionarios importantes ya están tomadas, pero no estaría por demás que se evitaran errores y que en realidad se tenga presente que la honestidad empieza por escoger los mejores perfiles.

Por supuesto que cada cosa a su tiempo, pero las Administraciones que están por iniciar funciones han de comprender la desesperación que causa ya tanto desorden. No tendrán mucho tiempo para corregir. No son por ahora los responsables, pero sí quienes llevarán a cuestas lo que más esperan muchos: cómo ponerle fin, ya, al caos urbano.

miguel.zarateh@hotmail.com
Twitter: MiguelZarate_12

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