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Viernes , 19.10.2018 / 07:38 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

De Medellín a Guadalajara

Miguel Zárate Hernández

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Las comparaciones a veces resultan inevitables. Antioquia, Colombia, es un departamento (estado, en nuestro concepto) que suma unas tres cuartas partes del territorio jalisciense, con unos 7 millones de habitantes y su capital, Medellín, comprende una zona metropolitana más o menos similar a la de Guadalajara. Para muchos, Medellín se recuerda principalmente por su pasado violento y por la difícil etapa del **narcoterrorismo del capo Pablo Escobar. Tiempos complejos que, toda proporción guardada tiene similitudes con los que México atraviesa, Jalisco y Guadalajara incluidos.

Pero de aquel imperio del crimen que fue de los setentas a los relativamente recientes noventas, Medellín ha despertado en una ruta de prosperidad y está dando ejemplo de lo que se puede hacer cuando hay voluntad de superación ciudadana y cuando los gobiernos actúan sin mesianismos estereotipados para encontrar soluciones auténticas, genuinas, a los problemas que más afectan a la población. A esta nueva generación de gobernantes pertenece Aníbal Gaviria Correa, gobernador de Antioquia tras el brutal asesinato de su hermano y, luego, alcalde de Medellín, y quien hace pocos días estuvo en Guadalajara a promoción de Hábitat, de Naciones Unidas.

Y vaya que su gestión en Medellín arrojó frutos ya que convirtió a su ciudad en un referente internacional, al grado de que el Wall Street Journal junto con Citigroup, organizadores de una convocatoria para nombrar en 2013 el título de la "Ciudad del Año", que otorgó a la capital de Antioquia entre doscientas de todo el orbe. Esto, claro, no se hizo, solamente por la administración de Gaviria, quien sin embargo aprovechó una inercia de trabajo y compromiso ciudadano para, primero, eliminar estigmas del pasado y, luego, alcanzar niveles de progreso que muy pocas ciudades de Latinoamérica han podido lograr, luego de una etapa de crisis y dificultades de todo tipo.

Naturalmente que también aquí se ha hablado con insistencia de abatir los índices de delincuencia, de pobreza extrema, de desempleo y de cuestiones de la vida diaria que tanto afectan, como el transporte, la contaminación o los servicios públicos en general. La diferencia es que en Medellín, quizá con condiciones no muy afortunadas, estas metas se han ido logrando una a una y ahora se aprecia como una ciudad que lo tiene todo, desde Metro, BRT, bici pública, basureros convertidos en siembra de hortalizas, tanques de agua abiertos, hasta escaleras eléctricas en zonas populares y, entre todo, un llamado "distrito de la innovación", por si esto nos resulta familiar haberlo escuchado.

Lo que está claro, sin hablar de parámetros, es que existen motores que necesariamente mueven a la sociedad. No se trata exclusivamente de acciones de gobierno. Y resulta aleccionador pensar que la palabra equidad empieza por la "e" de educación, punto de partida para la consecución de metas. Lo demás se logra con el fortalecimiento de valores propios, de no perder las características de identidad.

Sin embargo, en el caso de Guadalajara en vez de acercarnos a tales valores, parecemos perderlos cada vez más. Falta, definitivamente, el espíritu de esfuerzo colectivo, lo cual no excluye a las autoridades de responsabilidad que ni siquiera trabajan por fomentarlo. Aquí, se advierte, hay más preocupación entre los gobernantes, por lo que va a pasar en el proceso electoral de aquí a dos años, envueltos en un futurismo político evidente, que en la atención a sus funciones primordiales. O incluso estas se realizan con miras al derrotero político.

No nos extraña, ya que podría decirse que estamos bastante acostumbrados, a que las nuevas Administraciones vengan a reinventar el "hilo negro" y no a tomar lo bueno o positivo para arrancar nuevos programas que permitan corregir errores y seguir avanzando. Barrer para atrás no es la solución de nada, como no sea para distraer o demorar el curso de la sociedad. No se trata, claro, de borrar el pasado o dejarlo impune. Que se sepa, en Medellín precisamente ese pasado fue lo que impulsó el desarrollo y, por lo que se aprecia, unificó a sus habitantes para encontrar progreso y sacar fortaleza de todo lo que los dañó.

Jalisco es un estado muy especial. Se podría decir que aquí han nacido valores esenciales para el mexicano y, por supuesto, su más emblemática identidad. No es cosa de caer en romanticismos pero, ¿entonces por qué no podemos alcanzar nuevas metas? ¿Será falta de verdaderos liderazgos? ¿Carecemos de voluntad ciudadana para conseguirlo? Vale la pena reflexionarlo aunque también es hora de actuar.

En la práctica, hay tareas en proceso que vale la pena seguir, como es la planeación metropolitana, cuya consulta lleva a cabo Imwplan, ya que en el fondo lo que se busca es una ciudad digna, funcional y segura y que deje de ser la "4D" por dispersa, distante, desconectada y desigual, y tomar el camino hacia una ciudad compacta, cercana, conectada y equitativa. Así, quizá no seamos pronto la "City of the year" pero habremos tomado ejemplo de otras que, como Medellín, saben luchar contra lo adverso del pasado y así merecer el futuro.

miguel.zarateh@hotmail.com
Twitter: MiguelZarate_12

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