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Jueves , 13.12.2018 / 06:03 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

2018 en el país de la abundancia

Miguel Zárate Hernández

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Y de repente, antes de que se diera al menos en forma el arranque, estamos ya inmersos en el proceso que culminará con las votaciones del 2018. Así, sin más, los partidos echan a andar sus estrategias mientras que un generoso INE –generoso con el dinero del pueblo, claro-, otorga a estos organismos, “aprobada por unanimidad”, una cifra “histórica” cercana a los 8 mil millones de pesos. De ello sólo falta que algunos hasta se quejen aunque, de seguro, Andrés Manuel López Obrador no rechazará los 650 millones que le entregará, para su uso a discreción, su repudiada “mafia del poder”, o Movimiento Ciudadano que con presencia en solo unos cuantos estados –Jalisco desde luego entre ellos-, absorberá la nada despreciable suma de 537 millones. De los “grandotes”, la tajada será mucho mayor, unos 1,700 para el PRI y casi 1,300 para el PAN.

Pero la verdad es que a esta tan insultante entrega de recursos, habrá que añadir toda vía más cantidades escandalosas a nivel de los estados. Por ejemplo, en el caso de nuestro estado, Jalisco, el no menos generoso –con el dinero ciudadano, también- Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, se asigna más de mil millones de pesos que prácticamente se dividen entre sus “gastos operativos” y su bastante amplia aportación a los partidos políticos. Y es que, al igual que en el instituto a nivel federal, la complicidad entre autoridades electorales y los representantes partidistas no deja lugar a dudas.

La verdad resulta ocioso ponernos a comparar las cifras que se manejan en nuestro país para sufragar el “costo de la democracia” con el de otras naciones que regularmente mantienen organismos transitorios y mecanismos muy diferentes para el financiamiento de campañas. El resultado sería escandaloso ya que definitivamente debemos andar en el “top” de naciones que gastan más en sus procesos.

Sin embargo, por ahora los partidos, habida cuenta de la seguridad de recursos, más los que se acumulen por otras vías, incluyendo las ilegales -moches, narcofinanciamientos, etc-, más bien están interesados en la designación de sus candidatos. Jalisco ha sido y seguirá siendo un escenario importante en la conformación de dichas estrategias, no solamente por su peso específico o de número de votantes sino, también, por el fenómeno local emecista, o más bien alfarista, que determinará el futuro de la entidad. Ni PAN ni PRI –únicas fuerzas alternas capaces de competir aquí-, disponen hoy de actores y estrategias que les den la misma claridad en la determinación de sus posturas, eso quiere decir que hoy por hoy no son competitivos.

En la semana anterior, por ejemplo, cundieron los rumores de la salida del gobernador Aristóteles Sandoval, en versiones de posibles invitaciones al gobierno de Enrique Peña o al mismo comité nacional del PRI, rumores que fueron desechados aparentemente cuando cualquiera sabe que si surgieron de la misma directiva priista en la entidad, no tuvieron nada de improvisados. Hay que adivinar detrás de todo ello lo que parece una muy posible apertura del camino al hasta ahora solitario contendiente con algunas posibilidades de contrarrestar las tendencias a favor de Enrique Alfaro y su corriente. Naturalmente sería muy difícil para Arturo Zamora aceptar hacer de nuevo campaña ante este panorama adverso y complicado pero sin duda lo hará si de muy arriba se lo piden. Y en este caso, querrá la casa limpia para poder ir tomando posiciones y convertirse, de facto, en quien gobierne a Jalisco en la última parte de este sexenio. Así que el caso del relevo condicionado no tiene nada de descabellado, incluso si se ve que al Presidente de la República, que sigue de tropiezo en tropiezo (Lozoya, el último), lo único que le queda después de su inminente informe, será una “purga” interna de secretarios y altos funcionarios que no terminen de empañar más la de por sí bastante opaca imagen de él y de su régimen. Y necesitará, como en el deporte, realizar los últimos cambios permitidos para intentar lo que hasta hoy parece imposible: conservar el poder tricolor en Los Pinos.

Mientras, los demás partidos, con plataformas cada vez más confusas, difusas o simplemente inexistentes, en el discurso se muestran listos para acomodos sin importar que se trate de alianzas “contra natura”, como dijera algún personaje, como la mezcla de derechas con izquierdas o cualquier otro coctel que sirva a la causa primordial: ganar a toda costa. Sin embargo, entre el líder de Morena que ya se siente en la silla presidencial y los debates y embates externos e internos de los demás, que si se alían, que si no, que si se suman, que si hacen frente común, etcétera, todo puede pasar, incluyendo lo que sucedió en el estado de México. La experiencia muestra que, a pesar de que las encuestas y sondeos muestran una cosa, puede surgir siempre lo inesperado. Así que quien se sienta muy firme, muy seguro vamos, será mejor que lo piense detenidamente. En Jalisco y ya en este siglo, candidatos perdieron elecciones cuando llegaron ir hasta dos y tres veces arriba de su más cercano contrincante, si no recuerdan que le pregunten a Jorge Arana.

Así que, como las verdaderas ideologías son cosa del pasado, los planes de nación o el respeto a sus propios principios, ceden ante el pragmatismo, los partidos son ahora, por antonomasia, simples estructuras carcomidas, decadentes y que solamente sirven de base de lanzamiento y soporte de las ambiciones. Al fin y al cabo, en este país de la abundancia, los partidos no sufren. Hasta perdiendo ganan y ya tienen casi en la bolsa los miles de millones que, por lo pronto, les regalan los mexicanos.

miguel.zarateh@hotmail.com

@MiguelZarateH

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