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El Escritorio

Del populismo y otros demonios

Miguel Mery Ayup

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El pasado sábado 1 de diciembre tomó posesión el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Las imágenes vistas recuerdan las estampas del México de los 70`S en las etapas de Echeverría y López Portillo, aquel del viejo PRI, donde en el día del presidente toda la atención se centraba en esa figura. 

Incluso las acciones simbólicas como la entrega del bastón de mando de los pueblos indígenas, recuerda a lo hecho por López Portillo en su momento. Acciones similares llevaron a cabo Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador. 


Al presidente se le ha señalado como populista. Su discurso, siempre a la ofensiva, presenta ante “el pueblo” un estado constante de crisis. 

“Un líder populista que llega al poder está ‘obligado’ a estar permanentemente en campaña para convencer a los suyos de que no es y nuca será el establishment”, dice Nadia Urbinati, profesora de la Universidad de Columbia, en Nueva York. El populismo de López Obrador y gran parte de los mandatarios de sudamérica resalta primordialmente los hechos negativos y citando a la propia Urbinati, es “extraordinariamente poderoso porque se puede adaptar a todas las situaciones”, explica la docente. 


Otra característica importante de resaltar en el populismo de López Obrador es el centralismo. La creación de super delegados, disminución de los recursos a los estados y aumento del presupuesto a los programas sociales federales, vislumbran un panorama difícil para el municipalismo y el federalismo. 


Sin embargo el populismo no debería tener connotaciones político – mesiánicas negativas. Todo gobierno, en cualquier nivel, debe de velar por el bienestar de sus gobernados. Barack Obama lo mencionaba en 2016 en la Cumbre de Líderes de América del Norte, cuando el mismo se definió como populista por luchar por la justicia social. 

Siempre he sido un convencido de que el gobierno debe velar por el bienestar social, que debe trabajar de la mano con la sociedad en la solución de los problemas. 

Es así, juntos sociedad y gobierno como un “pueblo” mejora, no con las acciones caudillistas de una figura en solitario.

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