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Martes , 25.09.2018 / 04:47 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

República desafiada

Miguel Bazdresch Parada

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Una república es un modo como las sociedades pueden organizar el Estado para gobernarse. Es un modo practicado desde siglos atrás. Y en ese tiempo se han generado variantes y desde luego actualización a las diversas culturas y perfeccionamiento de las condiciones propias de ese modo de organizarse. La literatura especializada identifica, entre otras, al menos nueve características de una república moderna, a saber: La soberanía de la ley, no de la fuerza. La periodicidad en los cargos públicos. La separación y control entre los poderes. El ejercicio de la ciudadanía, quien pone y depone. La publicidad de los actos de gobierno: no hay secretos de Estado. La responsabilidad (no hay fuero) de políticos y funcionarios públicos. La práctica del respeto, no sólo la idea, con las ideas opuestas. La igualdad ante la ley. La idoneidad como condición de acceso a los cargos públicos. Compare el lector con nuestra vida cotidiana.

Nuestro país tiene desde su independencia un Estado republicano. Ha sufrido variantes y hasta rupturas temporales y al final ha subsistido la república. En ese trayecto de más de doscientos años se han construido, depurado y multiplicado las instituciones del Estado para gobernar de modo republicano. También ha habido y hay grupos y segmentos de población contrariados con los modos republicanos de las instituciones del Estado. Por ejemplo, hoy vemos múltiples muestras de rechazo práctico a la soberanía de la ley. A veces se compra y se vende la aplicación de las disposiciones legales. Otras veces, los grupos se comportan de acuerdo a su propia ley y rompen la soberanía republicana.

Estas prácticas claramente anti-republicanas se dan tanto en los segmentos del gobierno, de grupos económicos, y en los grupos populares, Son dirigidos por autócratas aprovechados de las debilidades del Estado para aplicar la ley y así implantar su facciosa voluntad y aun usar la violencia y la fuerza para imponerla. De ahí la corrupción y sus respectivos corruptos; y la multiplicación del crimen y sus respectivos criminales, quienes crecen y se multiplican al amparo de la ineficacia de algunas de las instituciones del Estado, y en claro desafío a la república. La tentación del Estado es usar la fuerza y no la ley para enfrentar ese desafío. La inteligencia sufre.

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