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Sábado , 26.05.2018 / 03:14 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Reformar la formación de profesores

Miguel Bazdresch Parada

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Reformar el sistema educativo nacional pasa por reformar la formación de los profesores. Más allá de los discursos y las referencias a la calidad profesional de los profesores, las más de las veces panfletarias, la exigencia de reformar la formación de profesores proviene de las fuertes modificaciones sufridas por la cultura y las relaciones sociales en gran parte del mundo y en nuestro país, no siempre para bien. Desde luego, también urge reformar la formación en otros campos profesionales.

Médicos, abogados, científicos, ambientalistas, ingenieros, policías, políticos, periodistas y más, no pueden formarse igual a como lo hacemos desde hace décadas. Se conocen las soluciones a los problemas centrales del desarrollo del país y se conocen los obstáculos para no practicarlas. Uno de estos, crítico, es la resistencia a transitar a una cultura del bien común y la prevalencia de los valores humanos y morales, constitutivos de nuestra identidad nacional colectiva. Entrar de lleno en esa cultura exige las mediaciones de una nueva clase de profesionales en todos los campos del conocimiento, preparada para aprender reflexivamente de la práctica y aplicar las consecuencias. Capaz de ir más allá de un proceder meramente normativo y obrar con la autonomía que da el conocimiento y el saber de la experiencia, pensada y comprendida en colaboración de pares y actores sociales.

Conseguir esa fuerte y numerosa capa de profesionales exige un profesorado de los niveles básicos de educación formados en y para formar en el pensamiento crítico, en la solidaridad del bien común y en el aprender permanente y ubicuo; en las actitudes propias de quien es capaz de conocerse a sí mismo para relacionarse con los demás en verdad y compasión. Capaz de escudriñar la realidad como punto de partida ineludible para llegar a lo posible y empujar a lo deseable y lo soñado. Y no al revés: Soñar lo imposible y "torcer" la realidad para no verla.

Los supuestos y los medios educativos con los cuales hoy se ayuda a los profesores (y a los demás profesionales) a formarse son insuficientes para estas exigencias, "armas" indispensables de la acción y el trabajo hoy. De ahí la necesidad de empezar a dejar atrás la formación clásica y normalista de los profesores para formar en y para la incertidumbre constitutiva de la dinámica cultural y profesional actual.

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