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Columna de Miguel Bazdresch Parada

Reformar la educación

Miguel Bazdresch Parada

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Educar en ningún tiempo ha sido una tarea fácil y sencilla. Tres aspectos concretos muestran lo difícil y complicado de la educación actual. La primera complejidad es precisamente que no es una tarea. Es, en todo caso, una multiplicidad de tareas simultaneas. Otro nodo de complejidad está en la permanente y cambiante relación entre cada una de las tareas simultaneas. Y el tercer aspecto de complejidad surge de la índole heurística (incierta) de esa multiplicidad de tareas. Es decir, no hay modo de diseñar un procedimiento certero e incontrovertible de educar a una persona. Educar hoy no es un asunto técnico posible de resolver con normas e instrucciones.

No obstante, la tradición de la educación elaboró una narrativa diferente. Desde siglos atrás, cuando el surgimiento del pensamiento ilustrado ubicó en el centro la razón y lo razonable y relegó el pensamiento mágico para creer en la ciencia, la educación, antes considerada un arte, se abrió a la ciencia para definirla y organizarla. Más tarde, el predominio del pensamiento positivista pensó la educación como una actividad susceptible de diseñar con la lógica científica y por tanto susceptible de tecnificar. Y de ahí surgió una convicción todavía muy apreciada en nuestras culturas y sociedades occidentales, de pensar la educación como organizable mediante un conjunto de instrucciones técnicas y un férreo control de la perfección en ofrecer las instrucciones por parte del enseñante y un férreo control del aprendiz en aplicar a la perfección las instrucciones impartidas por el enseñante. El centro de tales instrucciones era el control del conocimiento o “contenidos educativos” y su presentación a los aprendices, en dosis y modos muy precisos y canónicos, dictados por parte de autoridades y enseñantes.

Tal estructura educativa funcionó a la perfección decenas de años hasta la ruptura paulatina e inexorable del mundo fijo hacia un mundo en cambio continuo, multicultural en el pensamiento, multipolar en lo político y global en lo económico. Un mundo no controlable, y por tanto no educable con instrucciones.

El próximo gobierno anuncia “reformar la educación” en aspectos laborales de los trabajadores de la educación. Sin duda es un aspecto valioso. No obstante, “reformar” la educación es resignificarla para armonizarla con la índole del mundo cambiante en el cual vivimos.




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