• Regístrate
Estás leyendo: ¿Qué aprendimos del 22 A?
Comparte esta noticia
Sábado , 20.10.2018 / 10:16 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

¿Qué aprendimos del 22 A?

Miguel Bazdresch Parada

Publicidad
Publicidad

Veinticuatro años han pasado. Imposible olvidarlo. Imposible conmover con aquellos hechos lamentables a la tercera parte de los jaliscienses no nacidos entonces pues proporcional a los años se incrementa el silencio, el olvido, la nada. Ahí están las huellas vivas en personas lesionadas de por vida, en los edificios derribados la memoria y en la versión oficial, si bien creíble, enojosa, deprimente, la sospecha tenaz.

No se puede olvidar cómo la ciudad afrontó el desastre. El recuerdo a la distancia revela la altura de las reacciones y acciones de sociedad, instituciones, ciudadanos, afectados, gobiernos y gobernantes. Si bien no hay una narrativa completa de los hechos, múltiples y complejos, queda la vivencia de la convergencia de la ciudad para tejer un frente eficaz ante el desastre, primero humano, luego material y social. También para evitar la ignominia y la ignorancia sobre causas y responsables, no sólo del evento sino de las secuelas y consecuencias.

Las explosiones del 22 de abril de 1992 en la zona de Analco, los hechos, las versiones, los sucesos, las personas y sus sufrimientos, han sido y serán materia para aprender y saber qué y cómo hacer frente a los desastres. Entre nosotros y en el mundo. Se puede decir que la sociedad citadina no es la misma. Tampoco la protección civil mexicana y la de Jalisco en particular; que la previsión gubernamental ha mejorado desde esos tristes y difíciles días, y que ciudadanos y organizaciones tienen en la prevención una convicción. Aprendimos qué no hacer.

Sin embargo, la memoria es flaca, las huellas se vuelven costumbre, los afectados se refugian, los pendientes se archivan y la exigencia de prevención se relaja. No se trata de vivir con angustia ante lo desconocido y terrible. Se trata de sostener y sustentar la capacidad aprendida para enfrentar desastres y mantener la guardia en alto. Los simulacros y ejercicios similares son necesarios para recordar protocolos y procedimientos; fondos financieros bien calculados para atender la urgencia; aprender a reconocer lugares y situaciones de riesgo para anticipar. Reglas para construir, transitar y vivir la ciudad con altos estándares de prevención de riesgos para no acostumbrarnos al "no pasa nada", porque sí pasa. Ante el desastre, el mapa de riesgos en la mente, la voluntad decidida y los hombros dispuestos.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.