• Regístrate
Estás leyendo: Mucha iglesia y poco cuerpo
Comparte esta noticia
Miércoles , 18.07.2018 / 23:56 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Mucha iglesia y poco cuerpo

Miguel Bazdresch Parada

Publicidad
Publicidad

Disputa sorda. La jerarquía eclesiástica católica ha declarado la guerra a la iniciativa del Presidente de la República para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Que no es natural, que la familia se despedazará, que el matrimonio es la unión de hombre y mujer, que son unos cuantos… cien fórmulas pletóricas de ideología y cero evidencia. Del lado contrario oídos sordos a palabras necias.

Bien. Llama la atención la tenacidad jerárquica en su insistencia en disputar la sexualidad humana con un discurso tridentino, al mismo tiempo de su olvido y desprecio por otras cuestiones que lastiman con mucho más fuerza tanto el cuerpo humano como lo común de los bienes disponibles para vivir en esta vida, mortal de necesidad. Por ejemplo: Si los habladores jerarcas tuvieran la mitad de la tenacidad en defender la convivencia pacífica e incluyente de los mexicanos entre sí quizá la violencia mexicana sería menor. Con seguridad lo hacen, pero los jerarcas dejan ese “pleito” a los sacerdotes o ministros de campo, de barrio o de parroquia, y a la ayuda proporcionada por su grey.

Porqué tanto empeño en defender una idea de sexualidad humana superada. Quizá porque hace siglos le declararon la guerra al placer, al cuerpo y al disfrute y pusieron en el centro de la religiosidad tridentina el sacrificio. Sacaron al espíritu del cuerpo. Consiguieron controlar las conciencias de hombres y mujeres por medio del control del cuerpo y de paso controlar el espíritu y sus demonios internos con la moral heterónoma, infantilizante y propia de súbditos y no de seres humanos en realización constante. Hoy, perder el centenario control de los cuerpos hace innecesaria a la jerarquía como única guía autorizada en este “valle de lágrimas”; de ahí la tenacidad en mantener ese control.

Es paradójico. Hoy día, con la civilización alcanzada, insistir en una ideología que escinde el espíritu del cuerpo para controlar este, lleva al cuestionamiento de esa ideología y no a la obediencia de quien la predica. El futuro de las iglesias está en luchar contra el enriquecimiento pues genera pobreza, contra la intolerancia pues produce exclusión, contra el autoritarismo pues produce desigualdad y malestar; a favor de cuerpos habitados por el espíritu, libres, autónomos, desafiantes, amorosos, fraternales y genuinos. Más cuerpo menos jerarquía.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.