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Miércoles , 26.09.2018 / 05:05 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Estado desafiado

Miguel Bazdresch Parada

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México en cuanto hábitat de los mexicanos no está en el lugar deseado hace diecisiete años, cuando la transición democrática se consumó con la elección del presidente Fox. Uno de los puntos más alejados de las esperanzas populares de aquellos tiempos es la situación de violencia criminal y corrupción de la vida económica y política que vivimos hoy. Basta mirar y sentir los más de 97 mil homicidios vinculados al crimen organizado cometidos en los últimos diez años. Basta caer en la cuenta del costo de la corrupción: Ocho por ciento del Producto Interno Bruto.

Peor noticia es la índole ética del desafío para el Estado Mexicano, instituciones, economía y sociedad, que representa estar en este lugar no deseado e inesperado en el cual estamos. No será fácil salir de aquí. Llegamos aquí por la violencia criminal, la violencia común hoy en alza incontenible, la ilegalidad rampante plena de simulación y de tranza de intereses, de la economía y la política. Y también por la lentitud con la cual este Estado mexicano desafiado trata de recomponerse para enfrentar estos desafíos. A diez años del llamado al ejército para contener la violencia organizada hemos llegado a dónde no queríamos: La violencia criminal ahí sigue. No se logró construir un aparato policial solvente, modernizado, institucional; las fuerzas armadas siguen en la calle cada día más cansadas de estar ahí; los gobiernos locales en las nubes; la violencia común crece sin control. El aparato de procuración de justicia está rebasado y los ciudadanos cada día más se organizan por sí mismos para protegerse y hasta para combatir con armas a quienes violentan comercios, negocios y vida cotidiana. En suma, diez años después el Estado está desafiado y la paz social está en vilo.

En medio de todo esto nuestra economía nacional está gravemente polarizada. El México global, dolarizado, extranjerizado, productivo y moderno sin duda. Eso sí, sin petróleo nacional. Y el México depauperado, viviendo en el margen, despojado, con la esperanza como único futuro. A diecisiete años de la transición, está situación exige una nueva transición, esta vez no política (todos son iguales) o mesiánica, sino de atrevernos a enfrentar la verdad de nuestra realidad y con nuevo talante ético, actuar para modificar esas realidades inhumanas acostumbradas y construir esperanza desde abajo.

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