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Miércoles , 12.12.2018 / 04:43 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Educación es igual a largo plazo

Miguel Bazdresch Parada

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Educar es inacabable. No puede ser de otro modo, pues el ser humano sólo acaba de descubrirse asimismo cuando ha renunciado a vivir o cuando le sorprende la muerte. Si bien el educarse inicia desde el momento en el cual el corazón de su madre o la intuición de su padre saben de su existencia, no se detiene hasta el último suspiro. Pretender educar en algunos años, algunas horas, algunos días, en alguna escuela es apenas contribuir en algunos aspectos con los cuales el ser humano se construye a sí mismo y descubre a los otros humanos y a la naturaleza que le acompañan en su vida.

Quienes estudian el educar proponen el inicio observable de la educación de una persona en la sonrisa o su ausencia. Aproximadamente a los siete días de nacido la sonrisa es el primer acto (o intento) de contacto entre el ya nacido y su entorno, con el cual puede establecer una relación y un muy elemental acto de consciencia o de intención. Este dato define la amplitud del territorio educativo e implica, de por vida, a los cercanos a ese recién llegado al mundo en la ardua tarea de colaborar con él en lograr la consciencia de sí mismo y el descubrimiento del otro, de los otros para aprender a vivir junto a sus contemporáneos. De ahí la gravedad de la ausencia de la familia en ese proceso o, peor, la intervención ignorante, grosera o disfuncional de los cercanos. La cultura occidental, le atribuye una contribución al Estado en la tarea de educar, la cual no puede ser única. Por ejemplo, otras culturas mantienen la responsabilidad de la función educativa en la actividad de la comunidad.

El Estado, según la Constitución mexicana tiene por función educar en el progreso científico, la comprensión de la democracia, el sentido y cultura de la nación que somos, en la convivencia, el respeto y aprecio por la diversidad cultural; la dignidad de la persona, la integridad de la familia, el interés general de la sociedad y los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos. Grave encargo apoyar el aprendizaje de estos aspectos centrales con la colaboración de la sociedad, durante toda la vida.

La persona, la familia, la sociedad, la comunidad y el Estado, todos son educadores. Disputar una reforma u otra de la acción del Estado es irrelevante ante el largo plazo necesario para acompañar el aprender a ser quiénes somos y aprender a vivir juntos.

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