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Lunes , 25.06.2018 / 03:57 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Democracia sin demos

Miguel Bazdresch Parada

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Somos, los seres humanos, especie sin claves biológicas para vivir juntos. No obstante, somos especie con necesidad de los otros y a la vez ineptos para resolverla. Nuestra historia es la narración de la lucha, con frecuencia perdida, por superar esa carencia de la biología humana y conseguir, mediante la experiencia y los inventos creativos, un sistema estable de adquisición de la aptitud requerida. Muchos inventos hemos creado. Muchas experiencias hemos acumulado. Las ciencias sociales nos ayudan a recordarlas, conocerlas, enumerarlas y evaluar su eficacia y pertinencia. Las mismas ciencias son escépticas sobre los logros.

La democracia es a la vez un intento de lograr aptitud para con otros; es cúmulo de experiencias de cómo avanzamos y tropezamos y es memoria de los inventos de la humanidad, a veces fallidos, creados para vivir juntos. Democracia es actuar con la convicción de que todos valemos igual (un hombre, un voto) y con la certeza de que la mayoría es mejor, aunque se equivoque, que la minoría; es el ímpetu de resolver los conflictos entre nosotros de modo pacífico, aunque la guerra sea una compañía permanente. Y lo mejor: Democracia es darnos cuenta de que es un invento nuestro y es nuestro (de todos) el método para disfrutar, perfeccionar, corregir y hasta para desechar el invento.

Todos es la clave irrenunciable. El pueblo (el demos) es el inventor y corrector. La gente es quien decide. El ciudadano es quien manda. Si no es así es otro invento. Democracia sin demos es un contrasentido. Es como un dulce sin dulzor. Es diamante sin brillo. Democracia sin ciudadanos lleva a una situación de abuso y despojo.

¿Y México? Pues estamos al borde de quedarnos sin ciudadanos. Un estudio (Ver en www.ine.org) serio, independiente, sobre la calidad de la ciudadanía mexicana, muestra a un país irrespetuoso de la legalidad, de la justicia, de los políticos y de las instituciones. Mayormente desorganizados y con poco capital social. Protestamos nuestros males en la calle, casi sin éxito: el poder voltea para otro lado. Votamos sí, por deber aprendido. Pedimos cuentas y, como la canción infantil, “no nos dan” o “nos dan un hueso”. Democracia es construcción de todos los días en la lucha por resolver conflictos; por exigir y exigirnos responsabilidad. No hay reforma “estructural” posible para cambiar esa situación.

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