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Construir la democracia

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Construir es una acción intencional. No se puede construir viendo u oyendo; pensando o estudiando. Es todo eso y más. La acción demanda actitudes, habilidades y conocimientos. La actitud por delante. Si quiero construir una casa para vivir en ella, y no sé cómo, llamo al que sí sabe y le pido ayuda. Con la democracia no se puede proceder así. Si quiero una democracia para vivir en ella, y no sé cómo hacerla pues… ¡aprendo! No se la puedo pedir a otro que quizás sepa cómo, pues la democracia para serlo cabalmente demanda mi contribución. Es esencial. Si no está ahí, esa democracia no será o estará secuestrada.

Entonces, ¿cómo ha sido? Unos saben, la diseñan, la organizan, ocupan los puestos y nos dicen que “acordamos” las leyes básicas, las normas cotidianas y los límites del actuar de los miembros bajo el rubro de “obligaciones y derechos de los ciudadanos”. Los diseñadores dijeron quiénes son los ciudadanos. Primero, que los hombres. Las mujeres protestaron y los hombres, cuando se olvidaron de porque sólo los hombres, modificaron y dijeron: “Está bien, hombres y mujeres”. Lo mismo pasó con los analfabetos. Sólo son ciudadanos los que saben leer y escribir. Se olvidaron la razón que inventaron y dijeron “todos los mayores de edad” y excluyeron a los “menores”. Y así, siempre encuentran algún motivo de exclusión: “Estas en la cárcel”, “vives en el extranjero”, “no hablas castellano”, “portas armas”, “no estás en uso de todas tus facultades mentales”. Acabados los pretextos para excluir, inventaron los partidos políticos para decidir quiénes podían ser los dirigentes. Obvio: Los miembros de esos partidos. En suma y sin cansarnos: Nuestra democracia decretada no es nuestra porque no ha habido modo eficaz de que todos los mexicanos contribuyan a construirla.

La democracia es un edificio autoconstruido, no puede ser copiado, importado o impuesto. La esencia democrática es incluir la contribución de todos quienes vivirán bajo el régimen que todos diseñen. Y lo acepten precisamente porque pusieron su contribución y “tejieron desde abajo” con los aportes de todos una forma de vida, no definitiva, sino una siempre en construcción con los aportes de los nuevos miembros y lo aprendido en la vivencia real de lo aceptado. Si hay excluidos no hay democracia. Es evidente: El voto no es el centro. Es tejer todos desde abajo.

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