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Jueves , 21.06.2018 / 00:05 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Confianza, verdad y gobierno

Miguel Bazdresch Parada

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Gobernar una comunidad humana es tarea sin recetas fijas. Lo decisivo de esa variabilidad está en la apertura constitutiva de las personas. Un día, una época, un conjunto de convicciones pueden ayudar a la persona, al grupo o a un pueblo a determinar un valor de los comportamientos, actitudes y disposiciones concretas, y así, fijar límites a lo aceptable o lo deseable. Otro día, ese edificio puede ser ineficaz para el propósito y suscitar la necesidad de reparar, de volver a parar, ese edificio desde el cual podemos, en principio al menos, transitar de las convicciones a la cotidianidad.

Por ejemplo: Hoy importantes y numerosas personas y grupos disputan lo aceptable o no del matrimonio igualitario y del derecho humano a decidir sobre el propio cuerpo. Los afectos a una u otra postura batallan desde convicciones diversas, habitan edificios contiguos y a la vez opuestos. Gobernar esta batalla es un “dolor de cabeza” para los gobernantes, sin duda. Las reglas fijas disponibles no ayudan a una decisión pacificadora.

Otro ejemplo reciente: Ante una omisión de un funcionario público se le reclama el derecho de la sociedad a la verdad, lastimada con la omisión y se afirma lo ilegítimo e ilegal de su nombramiento. Los reclamos se hacen desde el edifico de la legalidad. Otros pocos, desde otro edificio, hacen notar como la exigencia de la verdad se hace, quizás, por reclamadores con algunos comportamientos similares a los reclamados. Hacen ver lo sospechoso de exigir verdad desde un edifico habitado por la media verdad. La lógica enseña cómo la verdad de un raciocinio es independiente del razonador. El cuidado y la confianza, en cuanto relaciones constitutivas de la relación entre personas, enseñan las consecuencias de una verdad pronunciada por quienes no son dignos de confianza. Gobernar este encuentro de convicciones y consecuencias producirá decisiones legales las cuales, en el mundo más amplio de la vida en común contribuyan poco a incrementar la confianza, cemento indispensable de esa vida.

La relación del gobierno con los pueblos primigenios de este país, es otro ejemplo. Hoy se despoja de sus propiedades a varios de esos pueblos. El gobierno desconoce la verdad previa favorable a los pueblos y con nuevas reglas, estas sí “futuristas”, impone una “verdad” sectaria favorable al capital internacional. ¿Paz? Imposible.

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