• Regístrate
Estás leyendo: ¿Cancelar la reforma?
Comparte esta noticia
Miércoles , 14.11.2018 / 02:01 Hoy

Columna de Miguel Bazdresch Parada

¿Cancelar la reforma?

Miguel Bazdresch Parada

Publicidad
Publicidad

El presidente electo ha sido enfático y contundente con todo y su muy premioso ritmo de habla: “La reforma educativa se va a cancelar”. Sin duda cosechará más de un aplauso del respetable. No da razones sino alguna vaguedad ambigua sobre reparar los derechos laborales de los maestros lastimados por la reforma, según sus palabras.

Tal como sucede con las decisiones importantes del gobierno, la reforma educativa se propuso, planeo y discutió en diferentes grupos de interesados, asesores, posibles afectados y especialistas. Las propuestas tuvieron opositores y apoyadores, y finalmente la cámara de diputados aprobó un texto definitivo. En apretada síntesis, se proponen tres políticas: Crear como organismo constitucional autónomo el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación; otorgar facultades a los diputados para legislar en materia de servicio profesional docente; y, establecer que sólo puede ejercer la docencia quien tenga una plaza asignada por la autoridad. Estás tres políticas, según afirmó el presidente Peña Nieto, eran necesarias para que “el Estado recuperara la rectoría educativa”. Nada menos.

Otro tema fue la implementación. Desde el principio fueron evidentes errores inaceptables en la comunicación social asociada a la reforma. Por ejemplo, la burda y exagerada campaña contra los maestros cuyo mensaje, más allá de la intención del emisor, fue recibido por el ciudadano como “Tenemos mala educación. Lo dice la OCDE. La culpa es de los maestros. Por tanto…” y aquí se engarzaba una ideologización de lamentar. Coraje era lo menos que sintió cualquier maestro. Todavía lo siente.

A la luz de datos duros hoy se puede decir, al menos, que: Ningún maestro evaluado ha sido despedido de su trabajo. Más de algunos maestros negados a evaluarse sí han sido cesados. La Secretaría de Educación ha sido omisa en ofrecer, con oportunidad y calidad, las medidas de apoyo a los maestros previstas en la ley del servicio profesional docente; la gestión de la asignación de plazas no ha logrado su finalidad. No mejora la formación inicial del docente. En síntesis, el Estado recuperó la rectoría educativa; la evaluación funciona y mejora, el servicio profesional sólo “a medias”.

Así, la pregunta es ¿Qué se quiere cancelar? ¿La rectoría educativa del Estado? ¿La evaluación? ¿El servicio profesional docente? ¿Todo? Veremos.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.