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Viernes , 25.05.2018 / 23:02 Hoy

En pocas palabras…

La cruda realidad de Nuevo León

Miguel Ángel Vargas

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El jueves a plena luz del día, tres individuos abordaron una unidad de la ruta 222 donde viajaban unas 30 personas. De pronto, uno de ellos amagó con un cuchillo al chofer, mientras los otros dos con pistola en mano despojaban de sus celulares a todos los pasajeros.

Fueron menos de cinco minutos los que tardaron en asaltar el camión a las 11:00 del pasado jueves, mientras circulaba por el municipio de San Nicolás. Los pasajeros, en su mayoría estudiantes, no opusieron resistencia.

Algunos ni tiempo tuvieron de reaccionar. En pocos minutos les quitaron sus pertenencias y los maleantes descendieron del camión para perderse en las calles, sin que las autoridades pudieran intervenir.

El chofer ni siquiera buscó a la Policía para denunciar los hechos. Siguió su ruta y pasó como un altercado más de los que cotidianamente enfrentan los regiomontanos.

Mi sobrino Rolando, estudiante del cuarto semestre de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la UANL, iba a bordo de la unidad. Como el resto de los pasajeros, entregó su aparato telefónico, y como los otros ciudadanos, pasó el susto de su vida.

Ese mismo día, en otro punto de la metrópoli, decenas de familias lloraban a sus muertos en la peor tragedia penitenciaria registrada en Nuevo León, tras el enfrentamiento de bandas de delincuentes por el control del penal del Topo Chico.

El hecho de que sean personas privadas de su libertad en nada aminora el problema. Se trata de situaciones lamentables ambas, donde personas sufren la inseguridad que se vive en nuestra entidad.

No se trata de buscar culpables, sino de definir responsabilidades para llegar a soluciones que nos devuelvan la tranquilidad perdida. Tienen razón quienes afirman que son problemas añejos, producto de lo que dejaron de hacer en el pasado algunos funcionarios corruptos.

Pero también es cierto que los nuevoleoneses tenemos derecho a vivir en paz, y a exigir resultados inmediatos a quienes por mandato popular ahora tienen la obligación de proteger la integridad de nuestras familias.

El bono democrático tiene fecha de caducidad y ésta depende de los propios gobernantes, porque si a Nuevo León le va mal, a quienes nacimos y amamos esta tierra nos va peor al enfrentar a diario la cruda realidad.

miguelangel.vargas@milenio.com

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