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Viernes , 14.12.2018 / 00:47 Hoy

En la escena fiscal-corporativa

Privacidad en la era digital¿Un derecho que agoniza? (I)

Miguel Ángel Santillana Solana

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Los avances de la era digital no se detienen y la cada vez más evidente dependencia tecnológica hace pensar en un derecho que agoniza.

La caída del Muro de Berlín en 1989 y el fin de la Unión Soviética en 1992 y por ende la terminación de la Guerra Fría hicieron pensar a más de un historiador que se estaba en presencia del fin de la historia, que ante la conclusión de la época del mundo bipolar, el mundo viviría y los ciudadanos de todo el orbe disfrutarían de un era de paz.

Los avances científicos y adelantos tecnológicos que se desprendieron durante la carrera armamentista entre los bloques del Este y del Oeste podrían destinarse para simplificar la vida y preservar la paz en lugar de orientarse hacia la seguridad y usarse en caso de una guerra.

Sin embargo, desde esos momentos el mundo ha atravesado por más conflictos armados que durante los 45 años de hegemonía de las dos superpotencias, inclusive han sido de una mayor crueldad (ex Yugoslavía, Rwanda y ahora Siria, solo por mencionar algunos) en gran medida a causa de tecnología mejorada.

En 1945 para arrojar una bomba nuclear era necesario llevarla en un avión especial hasta el objetivo, en 1960 ya había misiles nucleares de corto y mediano alcance como los que en su momento instalaron los estadounidenses en Turquía y los soviéticos en Cuba; en 1980 ya había misiles balísticos intercontinentales. Actualmente, gracias a los avances tecnológicos la guerra puede efectuarse en muchos aspectos desde una sala especial equipada adecuadamente con los dispositivos necesarios.

La era digital ha representado una serie de beneficios para la vida cotidiana pero también diversos riesgos en el ámbito jurídico. Si partimos que el ciberespacio es un meta espacio donde confluyen diferentes actores en tiempo real y que físicamente pudieran estar ubicados en cualquier parte del orbe, el escenario se complica.

Panorama

Hoy en día es claro que ciertas empresas han tenido un crecimiento exponencial debido a un nuevo producto, cuya importancia va aumentando a cada instante, los datos personales y la información en general.

Hace un siglo el recurso vital era el petróleo y pese a que este sigue siendo esencial, es innegable que los gigantes comerciales que lidian con los datos son las refinerías actuales y los datos son el petróleo de la era digital.

Son pocas las personas que viven sin el buscador de Google, las compras de Amazon, la música de Spotify, los estatus sociales de Facebook, las fotos de lnstagram o las sugerencias de Pinterest.

Cada vez surgen nuevas aplicaciones que tienen recepción inmediata en el mercado, ya que ofrecen características peculiares atractivas para los usuarios. Los smartphones e Internet han hecho que los datos abunden, sean ubicuos y mucho más valiosos. Sin importar donde esté la persona, corriendo en un parque, en casa viendo la televisión, trabajando en la oficina o sentada en un vehículo en el tráfico, virtualmente todas esas actividades van generando un trazo digital y más material informático.

Desde relojes hasta coches, todos aquellos dispositivos que se conectan a Internet producen una gran cantidad de datos que son transmitidos cada minuto. El desarrollo de inteligencia artificial con máquinas que aprenden con base en la información obtenida de patrones de conducta humanos ha vuelto a los datos un recurso redituable; ciertos algoritmos pueden predecir lo que ciertos clientes o usuarios desean comprar, desde sus necesidades como pasajero en un vuelo trasatlántico hasta algunas enfermedades degenerativas que pudiese padecer. Ante esto, demasiadas empresas ahora se promocionan como corporaciones digitales.

Situaciones como esta conllevan a que los datos y la información abunden y por ello derechos como la privacidad sean vulnerados; la tecnología siempre se ha beneficiado de los efectos del establecimiento de ciertas redes, en este caso las redes sociales como lo es Facebook, tienen ganancias mientras más usuarios se incorporan a su portal.

Empresas como las citadas han ocupado prácticamente todo el mercado digital y el poseer la información es su principal herramienta, Google sabe lo que la gente busca, Facebook lo que se comparte, Amazon sus compras más recurrentes, lnstagram sus fotos preferidas, Spotify su música favorita.

Corporaciones como Apple y Google cuentan con tiendas de aplicaciones y rentan su espacio para empresas que recién empiezan y buscan presencia para sobrevivir. Tienen un poder considerable con eso, ya que pueden conocer cuando un nuevo producto o servicio atrae al público.

La calidad de la información se ha modificado, estas empresas ya no son meros puntos de Información digital, son bases de datos con información privilegiada, pues tienen nombres y datos personales bien definidos como lo son: edad, sexo o estado de cuenta bancaria de las personas.

Se ha originado un cambio, la nueva economía es más analítica, ya que en tiempo real estudia el flujo de información obtenida, como lo son las fotografías y vídeos publicados en redes sociales o la ubicación de individuos que están localizados en el tráfico.

En un inicio, Facebook y Google recopilaban los datos de sus usuarios para atender la publicidad eficientemente, pero desde ese tiempo descubrieron que esa información es un negocio.

Dichas empresas siempre están buscando nuevos campos de oportunidad y en la obtención de información se han especializado, por ejemplo, Facebook mediante el empleo de sus algoritmos ha logrado identificar a personas en una fotografía, con un 98 % de efectividad.

Uber es otra que ha obtenido los reflectores mundiales, independientemente del servido de transporte que realiza, porque como firma tiene un valor estimado de 68 billones de dólares y eso se debe a que tiene en sus arcas la mayor base datos sobre conductores y pasajeros en lo que se refiere al servido de transporte en el mundo.

Los datos al ser ese recurso tan valioso, se han convertido en objeto de diferentes disputas y no solamente las empresas los desean, los gobiernos de muchos países, en su afán por preservar la seguridad ante amenazas como el terrorismo o bajo ese pretexto, han diezmado uno de los derechos fundamentales por excelencia, que es la privacidad.

Fuente: Revista IDC. Mayo-2018. Núm. 417. Asesor Jurídico Corporativo. Págs. 2 y 3

@M_ASantillana
sasm_sc@hotmail.com

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