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Martes , 18.09.2018 / 11:30 Hoy

En frecuencia

Niños, ¿criminales o víctimas?

Miguel Ángel Puértolas

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Ayer recibíamos con escalofrío el reporte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que revela que al menos 30 mil niños se han visto involucrados en actividades relacionadas con el crimen organizado.

La verdad me parece poco el dato dado a conocer por el organismo internacional, además que presenta una obviedad, pues todo país en conflicto tienen entre sus víctimas ya sea por ataque o por inclusión a uno de los sectores de la población más vulnerables como lo son los niños. Pues queramos o no, los grupos armados pertenecientes a cárteles de la droga representan una parte del conflicto en que se vive en nuestro país.

Ahora bien lo que hace la CIDH es ponerle una cifra para dimensionar el tamaño del problema al que nos enfrentamos en cuanto al número de menores que han pasado a formar parte de las filas de los criminales, pero más que en calidad de delincuentes son víctimas de las circunstancias que los rodean.

Por mi experiencia en zonas de conflicto en el país, puedo decirle que estos niños en su mayoría son pertenecientes a los estratos sociales más bajos, en los que la necesidad les convierte en presa fácil a cambio de unos cuantos pesos, sin pensar que al aceptar el dinero le están entregando su vida al diablo.

Hace poco el gobernador de Puebla, Antonio Gali Fayad, dio a conocer que había tenido contacto con un niño de 11 años que se dedicaba a alertar a los delincuentes que instalaban tomas clandestinas en ductos de PEMEX, a petición de su madre. De acuerdo al mandatario el menor le confesó que se había salido de la escuela para dedicarse al "halconeo" pues le pagaban 12 mil pesos al mes por "echar aguas".

Recuerdo por ejemplo que en Nuevo León era común ver a la entrada de los pueblos a pequeñitos con radios de comunicación para alertar a los delincuentes de la presencia de fuerzas de seguridad o simplemente de reporteros o personas desconocidas que pudieran entorpecer sus actividades. Incluso en una encuesta realizada en aquella entidad hace unos años en donde entre otras cosas se les preguntaba qué querían ser de grandes, llegaron a responde que querían ser halcones o zetas.

Tal vez el caso más sonado fue el de Édgar N., mejor conocido como El Ponchis, un jovencito que cuando fue detenido confesó haber asesinado a al menos cuatro personas a los 14 años además de haberse dedicado toda su vida a servir al líder de sicarios del Cártel del Pacífico pues su hermana era novia de este delincuente.

Cuando se dio a conocer la noticia de que Édgar era un "niño sicario" y había sido detenido, uno de sus maestros de educación física, aseguró a los medios que era un buen niño, pero marcado por el abandono, lo cual nos pone en el contexto en el que estos niños más que ser delincuentes son víctimas del medio que los rodea.

Si nos detenemos un poco a pensar todos, los peores sicarios y delincuentes alguna vez fueron niños pequeños marcados por su entorno, pues en la mayoría de los casos son personas carentes de valores y que alguna vez sufrieron abandono o falta de oportunidades.

A eso habría que sumar el poder de corrupción de los criminales que no solo ofreciendo dinero sino también a la fuerza secuestran a niños inocentes para reclutarlos en sus filas lo cual hace crecer a los grupos criminales.

De ahí nace la necesidad de atender a estos pequeños, imagine lo que significaría tener en la calle a 30 mil delincuentes más, y no quiero decir con esto que esté etiquetando a estos pequeños, sino que las circunstancias van a terminar por favorecer que se conviertan en delincuentes.

Muy bien, hoy sabemos cuántos son, ahora lo interesante será saber qué se está haciendo para enderezar el tronco de esos árboles que se torcieron en el camino en mucho por responsabilidad de las autoridades.

miguel.puertolas@milenio.com

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