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Domingo , 23.09.2018 / 01:57 Hoy

En frecuencia

México, el otro rostro

Miguel Ángel Puértolas

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México se vuelve a cimbrar, como si se tratara de un guión macabro justo 32 años y unas seis horas después, un terremoto vuelve a sacudir no sólo la Ciudad de México y 5 entidades más, sino a todos los mexicanos.

Es inevitable no traer a nuestra memoria las imágenes de lo ocurrido a las 7:00 de la mañana de aquel 19 de septiembre de 1985, la única diferencia entre aquel entonces y lo ocurrido hoy era la rapidez con la que nos enterábamos de los hechos, hace 32 años la tecnología no era tan avanzada y saber de lo que pasaba en la capital tras el desastre y conocer la magnitud de lo sucedido fue cuestión de horas.

Tener videos del momento preciso en que colapsaban los edificios era inimaginable, tener comunicación por un aparato desde entre los escombros para reportar que se encontraban bien era como pensar en una película de ciencia ficción, saber de las noticias en el momento justo en que ocurrían sin siquiera ver la televisión era un asunto de otro mundo, lo único que ha cambiando entre 1985 y 2017, es la rapidez con la que nos enteramos de lo sucedido en el desastre.

Fuera de ahí, ni la tecnología más desarrollada ha impedido que el dolor se apodere de nuevo de nuestros corazones, otra vez en carne propia sufrimos el flagelo de la naturaleza y cual pesadilla de la que parece no logramos despertar, vemos cómo somos vulnerables, y cómo la vida es tan frágil, cómo el poder de un sismo cercena nuestra tranquilidad.

Otra vez la tragedia nos une, cómo me gustaría que más cosas nos unieran como mexicanos, y más seguido. Es esperanzador cómo el desconocido se convierte en una mano amiga, casi en un hermano que ayuda a otros a intentar salir de la desgracia en que se ha caído, las mentadas de madre por no dejarnos pasar en el vehículo, los abusos para formarse adelante en la fila, los empujones para tratar de obtener algo quedan fuera y entonces somos uno y somos iguales, solo en la tragedia.

Qué daría porque esa solidaridad se replicara cada día y aprendiéramos de los golpes que nos da la vida, para entender que como mexicanos deberíamos velar por cada uno de nuestros connacionales y siempre estar dispuestos a tender la mano, independientemente de las condiciones que nos rodeen, es buen momento de aprender de la tragedia y entender que como país sí podemos ser unidos, sin importar credo, condición económica, filiación partidista o apariencia física.

Los mexicanos podemos ser solidarios y hacer frente común a los males que nos aquejan, demostramos que somos la mayoría los que estamos dispuestos a ayudar y apoyar en el marco de una desgracia, si esto es así, no veo por qué no convertirlo en un estilo de vida, seguro convertiríamos a México en un mejor país.

miguel.puertolas@milenio.com

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