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Martes , 25.09.2018 / 20:42 Hoy

En frecuencia

Medir el delito y las incongruencias con la realidad

Miguel Ángel Puértolas

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Recuerdo que hace más de una década existía un organismo ciudadano conocido como el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre Inseguridad (Icesi) que dirigía Luis de la Barreda Solórzano y que dio, tal vez, si no los primeros, los pasos más importantes para lo que hoy en día hacemos en México, y que por muchos años estuvo vedado a los ciudadanos, medir los índices de inseguridad.

En aquel entonces se creó un mecanismo denominado Encuesta Nacional Sobre Inseguridad (ENSI) que por primera vez revelaba la percepción que los ciudadanos tenían sobre la inseguridad en México, dando un panorama no solo del comportamiento delictivo, sino también del actuar de la autoridad.

Tras una serie de polémicas, el Icesi desapareció, pues la tarea de medir esa percepción de los mexicanos frente al flagelo delincuencial lo tomó el Inegi con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, la Envipe. Sin duda muchas cosas han cambiado desde ese entonces, pues gracias también a las leyes de transparencia se empezaron a difundir no solo datos sobre percepción sino también datos relacionados a los delitos denunciados a través de los reportes de las procuradurías estatales al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que mes con mes presenta un balance de los delitos de alto impacto.

El problema que hoy sucede, es la poca fiabilidad que se tiene respecto a estos reportes, pues resulta alarmante saber en primer lugar, que los delitos denunciados sólo corresponden al 6 por ciento del total de los que en el país se comenten, y que no se denuncian, principalmente, por la percepción de ineficacia de la autoridad para actuar en contra de los delincuentes.

Pero otro dato alarmante, es la facilidad con la que los reportes hechos se pueden alterar, para no salir tan afectados en imagen cuando se trata de un disparo de la actividad delictiva en una entidad en específico. Claro usted querido lector podrá decir que no se puede tapar el sol con un dedo, por ejemplo en el caso de los homicidios, pero resulta que lo que sí puede hacerse es algo de sombra para que las cifras no sean tan alarmantes.

Sucede que a la hora de investigar, por ejemplo, los delitos reportados, es decir aquellos que suceden pero que no llegan a denuncia, en algunas corporaciones termina por suceder que hay más denuncias que los delitos que se reportan, cuando esto va en contra de toda lógica, pues la tendencia nacional es que se reportan pero no se denuncian el 94 por ciento de los delitos ocurridos, según las encuestas levantadas por el Inegi.

Pero vamos más allá y usted dirá, ¿por qué dicen que tal o cuál delito baja cuando yo percibo lo contrario? Por la simple y sencilla razón de que no hay castigo para quienes alteran las cifras a su conveniencia, o al menos no sé hoy de alguien que hayan acusado por no presentar la información real. Sé de casos específicos en los que se reportan delitos a la baja, pero es fácil dar números cuando no se puede cotejar directamente con las denuncias.

Alguna vez traté de cotejar en dos estados del país, por ejemplo, los fallecimientos por homicidio reportados por el forense, con las averiguaciones previas iniciadas por las autoridades investigadoras, con lo reportado al Sistema Nacional de Seguridad, hágalo con la entidad que quiera, no van a cuadrar.

Lo que no se mide, no se puede mejorar, pero lo que se mide mal, tampoco.

miguel.puertolas@milenio.com

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