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Domingo , 22.07.2018 / 00:35 Hoy

En frecuencia

Hambre de justicia

Miguel Ángel Puértolas

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De lo que la sociedad está hambrienta es de justicia, pero no sólo para castigar a los criminales sino también aquella que esperan todos los que de alguna manera han sufrido del desdén de la autoridad y de la dejadez de quienes se encargan de administrarla.

Hambre de justicia para los familiares de los miles de desaparecidos que se reportan, que poco a poco pasan a ser números o estadísticas menos para quienes son sus familiares y esperan algún día saber algo de ellos.

También para aquellos a los que el dolor de haber perdido un hijo por la negligencia de alguien y hoy ven cómo poco a poco los olvidan y quiénes son los directamente responsables hoy se regodean en su libertad, el caso de la guardería ABC, por ejemplo, es la viva imagen de que quienes han esperado se les haga justicia, se han tenido que sentar a esperar porque no ven que esta llegue.

Justicia para aquellos que han muerto a manos de las autoridades, por error, por negligencia o en actos deliberados, pues en la mayoría de los casos solo se han puesto tras las rejas a chivos expiatorios que no dejan lugar a duda del proteccionismo que hay entre quienes son autoridad.

Hay una necesidad de justicia social para los millones de pobres que existen en el país, para quienes en la mayoría de los casos solo hay programas asistencialistas, pues son carne de cañón cada elección, víctimas del voto clientelar que no dudan en usar políticos de cualquier partido.

Justicia laboral, para miles de trabajadores que ven cómo se mueven muy lentamente los procesos a los que se enfrentan en las juntas locales de conciliación, donde la burocracia pesa y la dádiva para acelerar el trámite está a la orden del día.

Justicia de género, justicia para la diversidad, justicia para la persona con discapacidad, para el menor desprotegido, para la mujer violentada, a quienes muchas veces le desdeñan su denuncia por violencia de pareja hasta que termina en la morgue.

México está ávido de justicia, que debería de ser garantizada por los tres poderes, que a fin de cuenta terminan actuando en favor de sus intereses y no en favor de quienes los ponen en los puestos que hoy ocupan.

Sin justicia no hay bienestar, sin justicia no hay esperanza, no hay equidad, no hay futuro, desafortunadamente día con día somos testigos de un tipo de injusticia, pues quien debe procurarla o administrarla simple y sencillamente no lo hace o en su defecto son más fuertes los casos de corrupción que generan impunidad y derivan en injusticia.

Para lograr justicia plena, requerimos de instituciones intachables, pero también de un cambio de mentalidad, de una mejora en la educación, de lo contrario seguiremos enfrentándonos a generaciones enteras hambrientas de justicia.

miguel.puertolas@milenio.com

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